La clave de todo reside en esa mirada. En ese gesto mínimo. En esa media sonrisa. En esos movimientos de apariencia casi perezosa tras los que habita una bestia dispuesta a convivir tranquilamente entre golpes, disparos y persecuciones. Pasó con otros personajes, los más memorables de su impresionante trayectoria como actor, pero pocas veces con tanta fuerza como con Harry Callahan: Clint Eastwood en esencia pura (y dura).

Y es que, desde su primera aparición en la gran pantalla, el célebre policía de San Francisco se convirtió en uno de los papeles más queridos, recordados y festejados de un Eastwood que parecía estar pasándoselo en grande en todas y cada una de las escenas. No ocurrió lo mismo con algunas de las secuelas que llegaron después, así lo comentamos en este especial, pero incluso en sus momentos más bajos, siempre resulta un placer ver al bueno de Clint en esta saga.

Un total de cinco películas en las que los amantes del cine policiaco y el thriller de acción encontraban, y lo siguen haciendo, numerosas virtudes para regresar una y otra vez a ellas, disfrutando del reencuentro con uno de esos personajes destinados a permanecer para siempre en la memoria colectiva. Es sencillo, si Callahan aparece en tu pantalla, tú te quedas. Y alegras tu día, claro.