Escribir el guion de 'Cuando Harry encontró a Sally', menuda joya, ya debería servir para tocar el infinito con la punta de los dedos, pero la añorada y celebrada Nora Ephron es mucho más que ese imbatible conjunto de personajes inolvidables, diálogos de acero y escenas perfectas. Tanto en su labor periodística como en sus proyectos cinematográficos, ya sea detrás de la hoja en blanco o de las imponentes cámaras, la neoyorquina siempre supo adaptar sus virtudes más representativas con esa fantástica combinación del encanto y la elegancia a la cabeza.
A lo largo de este especial, centrado de manera exclusiva en sus largometrajes, regresamos a un conjunto de historias, la inmensa mayoría de ellas ubicadas en el terreno de la comedia romántica, capaces de despertar automáticamente nuestra sonrisa y fijarla con contundencia en nuestro rostro. No todas lo consiguen con la misma fuerza, ni muchísimo menos, pero, exceptuando naufragios de los que es imposible salvar nada, queda la sensación de que el discurso creativo de Ephron seguirá sin envejecer ni una pizca.

Se trata de un cine tan propio como universal, alejado por completo de los tics y lugares comunes más desesperantes y obvios del género, engrandeciendo y honrando de manera directa el arte de contar varias veces la misma historia haciendo que siempre parezca la primera vez. El hechizo del eterno comienzo. El milagro de que, sabiendo el modo en el que todo va a terminar, acabes emocionado de la manera más honesta posible. La magia del cine. Y de Nora Ephron.