El cine y la televisión británica de las últimas décadas tiene mucho que agradecerle a la figura de Stephen Frears. Con unos primeros compases profesionales que fueron justamente celebrados como algo muy parecido a una revelación, el director ha ido construyendo una filmografía que, si bien en estos últimos tiempos anda algo acomodada en el piloto automático, está repleta de grandísimas películas.

Así, a lo largo de este especial, repasaremos largometrajes tanto de sus inicios como de la última etapa de la carrera de un cineasta con especial talento para transmitir emociones al público sin grandes artificios ni necesidad de acudir a la llamada del fuego artificial más lacrimógeno. Sus mejores trabajos impactan y conmueven con naturalidad, de manera orgánica y con la belleza de sencillo y lo cotidiano, incluso cuando está contando grandes dramas.
Apoyado siempre en estupendos guiones y repartos infalibles, Frears mantiene un nivel de trabajo tan incesante como valioso, siendo especialmente disfrutable sus últimas propuestas para la pequeña pantalla. En ese sentido, combina sus sobresalientes obras televisivas con largometrajes para el cine de pequeño presupuesto y humildes intenciones, engrandeciendo así una trayectoria merecedora de todo respeto y admiración.