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Reivindicando 'La celda', el incomprendido delirio masoquista de Tarsem Singh y Jennifer Lopez

Javier Parra 18 agosto 2019

Después de que la figura del psychokiller se hubiese explotado hasta la saciedad durante los años ochenta, y teniendo en cuenta que este había sido un objeto de explotación que acabó entrando en agotamiento a causa de la constante repetición de los mismos clichés y tópicos en infinitas ocasiones, a principios de la década de 1990 este consiguió recomponerse de sus propias cenizas en una forma de representación que, además de beber directamente de todo el bagaje de los años previos, retomaba ciertos elementos del cine anterior al de la época dorada del slasher.

Hacemos referencia a lo que pasaría a conocerse como psychothriller, el cual dejaba a un lado las tramas destinadas al público adolescente y hechas como mero entretenimiento, para apostar por argumentos que se podrían catalogar como más adultos, y los cuales venían a recuperar el espíritu del krimi alemán y el giallo italiano, en los que las tramas sustentadas sobre el whodunit y la investigación policial, más presente en los primeros (que convertían las adaptaciones de las historias de misterio de Edgar Wallace en todo un filón a explotar) que en los segundos (que podrían concebirse como uno de los gérmenes del slasher donde el misterio y el espíritu detectivesco dejaba también camino al fantástico y el exploit), se convertía ahora en algo primordial.

Tras el apabullante éxito de 'El silencio de los corderos' en 1991, el psychothriller tocaba techo en 1995 con 'Seven', dos de las piedras angulares de ese subgénero al que estarían adscritos títulos como 'Resurrección' (con Christopher Lambert y un asesino que quiere reconstruir el cuerpo de Cristo), 'Fallen' (con Denzel Washington haciendo frente a un asesino cuya alma se traspasa de cuerpo en cuerpo), 'Los ríos del color púrpura', 'Copycat (Copia mortal)', 'El coleccionista de huesos', 'Eye for an eye', 'El coleccionista de amantes' o 'La hora de la araña' (ambas protagonizadas por Morgan Freeman como Alex Cross), y que llegarían a ser reformulados una vez ya entrado el siglo XXI con 'Saw' y su deriva al torture porn. Sin embargo, en el 2000 se estrenaba una de aquellas rarezas cinematográficas que venía a recuperar la esencia del título de culto de Jonathan Demme y que abría sin concesiones la vía a lo fantástico en un género que, por norma, se había caracterizado por intentar ser lo más realista posible.

La celda

Dirigida por Tarsem Singh, 'La celda' llegaba envuelta en un poderoso empaque visual que, como buen ejemplo de surrealismo, jugaba con el género fantástico como el campo en el que moverse a su antojo. Desconocido hasta entonces en Hollywood, Singh contaba por aquel entonces con una trayectoria más o menos consolidada como director de videoclips, siendo uno de los trabajos más importantes de su carrera el de la realización del 'Losing my religion' de R.E.M., fascinado por la adaptación de la novela de Thomas Harris y cómo Hannibal Lecter y Buffalo Bill habían alcanzado su puesto en lo más alto del Olimpo de los asesinos cinematográficos, el director de origen indio conseguía el beneplácito de Radical Media, productora especializada en la creación de contenido multimedia para diferentes plataformas, para conseguir los 33 millones de presupuesto que necesitaba para llevar a cabo su ópera prima.

Basada en un guion original de Mark Protrosevich, quien años después figuraría como autor de los libretos de 'Soy leyenda' y acreditado en el guion de 'Thor', 'La celda' fusionaba el espíritu de aquel thriller con investigación del FBI incluida, con un diseño de producción que dejó atónito a medio mundo cuando llegó a los cines.

El argumento era sencillo: una terapeuta infantil llamada Catherine Deane (Jennifer Lopez) se está convirtiendo en una eminencia en su campo debido a un enorme avance científico que permite que, mediante una sofisticada técnica de realidad virtual, pueda introducirse en la mente de pacientes comatosos. De forma paralela, Carl Rudolph Stargher (Vincent D'Onofrio) es un asesino en serie que tiene en jaque a la policía de todo el estado, y quien no puede hacer nada por evitar controlar unos implacables impulsos sexuales que le llevan a secuestrar a jóvenes muchachas y encerrarlas en una celda en la que poco a poco serán ahogadas mediante un sistema de drenaje automático. Cuando sea capturado por el FBI, caerá en un profundo estado de coma, siendo entonces cuando el agente Peter Novak (Vince Vaughn) contacte con Deane para que logre introducirse en su mente y descubrir la localización exacta del cubículo en el que se encuentra secuestrada su última víctima, Julia Hickson (Tara Subkoff), antes de que sea demasiado tarde.

La celda

Es aquí donde el aspecto procedimental de cualquier thriller al uso, era totalmente pervertido cuando dicha investigación se venía a tratar desde una perspectiva totalmente diferente a la hasta entonces vista. Genuinamente fotografiada por Paul Laufer, 'La celda' podría entenderse como la aquella rara avis que fue fruto del gusto por lo estético y las inspiraciones de su realizador, teniendo como principales aspectos visuales en los que referenciarse, desde la videografía de Madonna, Nine Inch Tails o Marilyn Manson, hasta el imaginario de H.R. Giger.

Si a ello le sumamos la excelsa labor realizada por Eiko Ishioka (ganadora del Oscar por 'Drácula de Bram Stoker') como responsable del departamento de vestuario, es cuando podemos empezar a hacernos una idea sobre el impacto que causó ese surrealismo llevado a la pantalla con la misma precisión con la que podríamos habernos encontrado en una pesadilla daliniana dirigida por Alejandro Jodorowsky.

La celda

Aquí entran en juego las personalidades a las que la protagonista deberá ir encontrándose en el interior de esa desquebrajada mente, la cual pasa de ser un espacio idílico que bien podría ser la suntuosa corte del rey Xerxes, a una concatenación de habitáculos extraídos del más sucio de los torture porn en el que las víctimas del asesino son representadas en su máxima y más bella representación de la muerte (a sus propios ojos de perturbado, evidentemente).

Porque, más allá de las inspiraciones visuales en las que se basaba Singh, existen varios elementos que hacían que tanto las temáticas como los recursos visuales de 'La celda' recordasen también, aunque de forma no intencionada, a otros estilos e imaginarios ya representados. Uno de los primeros que vienen a la mente es el del ya citado Jodorowsky, artista clave del surrealismo contemporáneo, y quien bien podría haber sido objeto de tributo por parte de Singh, quien en su plasmación de los sueños y ese otro espacio dimensional en el que se convierte el subconsciente, lee sobre lo que Clive Barker podría entender sobre los espacios infernales a camino entre la pesadilla y lo bellamente grotesco.

Dentro de esa categoría es donde entra otro de los nombres que, de no saber que no tuvo nada que ver con la producción del film, no será extraño catalogarlo como parte del equipo del diseño de producción. David LaChappelle, quien tardaría aún tres años en dirigir aquella joya pop que fue el 'Dirrty' de Christina Aguilera, parece estar presente tanto en la secuencia en la que Lopez se topa con las pobres y embellecidas víctimas (con fémina vigoréxica incluida como las que el artista de la fotografía no ha dudado en retratar en más de una ocasión en sus trabajos), como en la ya icónica escena con la actriz ataviada cual Virgen María dispuesta a salvar la personalidad infantil de Stargher, imágenes que también traen a la memoria (por la temática religiosa y la composición del color) el trabajo de la pareja de artistas franceses conocida como Pierre et Gilles.

La celda

Alma de culto

Que el film obtuviese tantas críticas negativas como positivas en el momento de su estreno, es algo que a día de hoy no nos sorprende, pues si hay algo que achacarle a la película es el hecho de que su trama procedimental parezca un auténtico copy/paste de todo lo hasta entonces visto. Y en el apartado visual, como era de esperar, no fue más que una auténtica marcianada que, claro está, no era para lo que estaba preparado la gran mayoría del público del 2000. Sin embargo, los más de 104 millones de recaudación de la película, y el hecho de contar con una banda sonora compuesta por Howard Shore (habitual colaborador de David Cronenberg y de Peter Jackson) y una nominación al Oscar al Mejor Maquillaje para Michèle Burke y Edouard F. Henriques, no fueron suficientes para aplacar las acusaciones de misoginia y falta de originalidad por parte de ciertos sectores de la crítica, quedando el pequeño éxito que supuso en algo que, con el tiempo, cayó relegado a cierto olvido.

Seguramente, gran parte del éxito comercial fue por el hecho de haber contado como principal reclamo en el cartel con Jennifer Lopez, quien tras encadenar títulos como 'Selena', 'Sangre y vino', 'Anaconda' y 'Giro al infierno' con su debut como cantante, en el mismo 2000 su estatus como celebrity la elevaba al firmamento de las estrellas tras aquella gala de los Oscar y el vestido Versace de color verde. Tras 'La celda', tanto Lopez como Singh llevarían carreras que no alcanzarían las cotas esperadas por muchos. Ella, por optar en convertirse en carne de aborrecibles comedias románticas como resultado de su máxima explotación como producto de la industria del entretenimiento. Él, porque pese a haber seguido apostando por lo visualmente potente como haría en 'The fall: El sueño de Alexandria' o 'Blancanieves (Mirror Mirror)', ha acabado siendo engullido por el impacto de su ópera prima y el haberse puesto el listón demasiado alto.

Sea como fuere, a casi veinte años desde su estreno, reivindicar 'La celda' debería ser algo que los amantes del fantástico no verán como algo extraño, pues ya desde que 'Hellraiser' hiciese acto de presencia allá por 1987, hemos estado acostumbrados a ser vistos como bichos raros por el hecho de alabar la exaltación del masoquismo, y si encima es a base de hidridación de géneros y con la intención de convertir las pesadillas en secuencias tan macabras como bellas de ver, seguiremos entendiendo que en pleno 2019 todavía no haya quien esté preparado para disfrutar sin miramientos tal joya en bruto.

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