Este 2 de noviembre llegó a Netflix 'Al otro lado del viento', la gran obra perdida de Orson Welles. Sin duda, pese a no tener pase por cines, se trata de una de las citas cinematográficas más importantes del 2018. Lo es porque supone la culminación de una serie de esfuerzos por parte de un buen número de profesionales que han querido cumplir uno de los últimos deseos del cineasta antes de fallecer en 1985, poder tener una versión terminada de la película.

Porque lo cierto es que se podría hacer hasta una saga cinematográfica del largo periplo que ha tenido la película a lo largo de más de cuatro décadas. Su finalización ha podido hacerse después de batallas no solo legales, sino también económicas y políticas, ya que la cinta llegó estar secuestrada después de la Revolución Islámica, al llegar el ayatolá Jomeini al poder, debido a que uno de sus productores fue el cuñado del Sah de Irán, derrocado por la revolución. Por otro lado, también estuvieron los rencores personales, ya que la batalla legal la propició, sobre todo, Beatrice Welles, hija del fallecido cineasta, que optó por guardar con excesivo celo los trabajos inacabados de su padre.
Oculta en una bóveda de París durante más de 40 años
Porque, precisamente, la cuestión legal ha sido la que ha provocado los eternos retrasos de una producción que parecía estar condenada a no volver a ver la luz. Después de lograr que el gobierno revolucionario del ayatolá Jomeini considerase los negativos del filme inútiles, la película se mantuvo oculta en una bóveda de París, esperando el momento de poder salir a la luz. La muerte del director en 1985 abrió la caja de Pandora, ya que hubo batalla legal de décadas entre su hija, Beatrice, y su última amante y colaboradora, la actriz Oja Kodar. Criada con una fuerte animadversión hacia Kodar, Welles hija, desde 1992, reclamó en varias cortes judiciales que ella era la única propietaria de las películas de su padre, incluidas las inacabadas, pese que Kodar fue coguionista y protagonista de 'Al otro lado del viento'. Tras casi 20 años de litigios, finalmente, se logró llegar a un acuerdo económico con la hija del director.

Sin embargo, parecía que había una maldición para la cinta, ya que una vez se logró llegar a un acuerdo legal con los implicados en el filme, vino otro problema más, el económico. Showtime era la principal impulsora empresarial de ver cumplido el deseo de Welles terminar el largometraje. Sin embargo, que la batalla legal se dilatase en el tiempo provocó que la compañía dejase de estar interesada en llevar a los cines la obra póstuma. Por otro lado, al mismo tiempo que se libraba el conflicto jurídico entre Welles hija y Kodar, la actriz pidió ayuda financiera a directores como Steven Spielberg, Oliver Stone, Clint Eastwood y George Lucas, declinando todos participar en la película para acabarla.
Con campaña de micromecenazgo incluida, fue la intervención de Frank Marshall la que logró que Netflix entrase en el proyecto y contribuyese a la película, dándole distribución comercial al lograr que la plataforma aportase el dinero necesario para terminar de producir la película. Cabe resaltar la labor de la banda sonora, compuesta por uno de los compositores más aplaudidos del siglo XX, Michel Legrand, que fue el autor de la banda sonora de 'Fraude', así como también de musicales míticos como 'Los paraguas de Cherburgo', 'Las señoritas de Rochefort', 'El caso de Thomas Crown' y 'Yentl'.
La 'Turandot' de Orson Welles
De ahí, la gran importancia de la llegada de 'Al otro lado del viento' como largometraje de pleno derecho. Welles llegó a rodar más de 100 horas de metraje para la película, que nunca logró terminar. Como bien se sabe, Welles siempre quiso tener plena libertad para rodar sus películas, eso provocó muchas veces falta de financiación, como demuestra la eterna postproducción de este largometraje. Su forma de trabajar, propia de los genios, libre y a la par algo anárquico, de ahí, la duda que existe sobre si el haber logrado convertir ese auténtico cajón desastre que eran las grabaciones que había realizado Welles en un largometraje con coherencia narrativa, hace de esta película una verdadera obra póstuma del celebérrimo cineasta o, por el contrario, es simplemente un atrevido acercamiento por parte de sus allegados más leales.

La película realmente guarda otra dentro, siendo un proyecto de cine dentro del cine. Ciertamente, 'Al otro lado del viento' tiene un ritmo caótico, semejante al de 'Fraude', que fue uno de sus últimos largometrajes de "pleno derecho", al haber sido Welles el que montó personalmente la película en postproducción. En medio, se ve a un protagonista, interpretado por el aclamado John Huston, que regresa a Hollywood tras muchos años de ausencia y que intenta por todos los medios sacar adelante la película cuyos fragmentos se ven también en la cinta. Pese que Welles siempre dijo que se inspiró en Ernest Hemingway y su suicidio en 1961, es imposible no pensar que se haya inspirado en sí mismo, ya que los actores, los personajes que interpretan, todo tiene una clara inspiración en su propia obra y vida.

Quizás por eso, la resurrección comandada por Frank Marshall para hacer realidad este sueño tiene cierto sentido. Como si del final de 'Turandot' se tratase, Marshall, el productor polaco Filip Jan Rymsza, Peter Bogdanovich, Oja Kodar y Beatrice Welles lograron ponerse de acuerdo para dejar que el editor de cine Bob Murawski y la supervisora de postproducción Ruth Hasty siguiesen las directrices que dejó Orson Welles en vida para acabar la película, de forma semejante al final de la ópera de Puccini.
La última gran reflexión de un cineasta excepcional
Ya que 'Al otro lado del viento' es la última reflexión de Welles son la situación del cine, hacia dónde iba y qué podían aportar los directores veteranos de su época a una nueva ola de cineasta que tenía una visión diferente. El filme logra reunir a dos generaciones de realizadores al aparecer en pantalla John Huston al lado de directores como Claude Chabrol, Cameron Crowe, Richard Wilson o el ya citado Peter Bogdanovich, estos dos últimos íntimos colaboradores de Welles.

Sin duda, un atrevimiento interesante, ya que permite acercarse a esa reflexión sobre el cine y su deriva, con cierto trasfondo personal en el que se cuestiona a una masculinidad en clara decadencia. Siempre estará esa duda sobre la selección de las escenas, de 100 horas de grabación solo han quedado dos horas. Sin embargo, más allá de legítimos interrogantes, toca dejarse llevar por ese último anhelo del cineasta fallecido que, por fin, termina su larga travesía en el desierto con la que se culminan más de 40 años de incansable trabajo.