José Luis Cuerda, maestro indiscutible de lo absurdo y surrealista (o "surruralista"), fallecía el pasado 4 de febrero y marchaba a su particular cielo de locura. Y aquí en la Tierra nos ha dejado a los contingentes. Porque si algo despertaba Cuerda era auténtica devoción por su trabajo, que no era sino un reflejo de su visión de este mundo sin sentido.
Activo hasta el último momento, el cineasta ha sido siempre un enamorado del séptimo arte y ha regalado algunas de las obras más importantes de la filmografía española. Su repertorio brilla con luz propia gracias a sus comedias, tan surrealistas como certeras, a veces incomprendidas, pero siempre únicas.

Un juego de espejos
En definitiva, el rasgo más característico de este genio de Albacete es su gusto por lo enrevesado, por esa realidad aproximada que ofrece la cámara de cine. Película tras película, a lo largo de sus cuarenta años de trayectoria José Luis Cuerda colocó al espectador frente un espejo cóncavo en el que mirarse. Un espejo donde esa realidad deformada funciona, sin embargo, igual que la nuestra, aunque con consecuencias diferentes. Una mente brillante que quedará para siempre en el recuerdo, a la espera del amanecer.