Cuando has publicado trabajos discográficos de la talla de 'Dangerously in Love', 'B'Day' o, sobre todo, esa dupla impresionante formada por 'Beyoncé' y 'Lemonade', digamos que has amortizado y justificado por completo la práctica totalidad de tu trayectoria profesional. Sin embargo, Beyoncé, siempre hambrienta de nuevos retos, giros inesperados y, claro, éxitos masivos, quiso desde muy pronto combinar su faceta musical con retos interpretativos en la gran pantalla. ¿Los resultados? Tirando a irregulares.
No se trata tanto de que la cantante no tenga talento interpretativo, ni mucho menos, sino que las películas que ha protagonizado hasta la fecha han estado muy pocas veces por encima del aprobado justo. Apostando la mayoría de veces por la comedia, Beyoncé ha aportado siempre su indiscutible carisma, su apabullante presencia y, en muchas ocasiones, su espectacular poder vocal, tres elementos que han conseguido que cada una de sus apariciones en pantalla se recibiera como algo parecido a una celebración. Y, en el fondo, puede que se trate exactamente de eso.

Porque si algo ha hecho el paso del tiempo en este sentido ha sido ir generando un mayor respeto y admiración hacia Beyoncé, además de otorgarle una relevancia realmente imponente. Una evolución basada principalmente en sus citadas obras maestras discográficas, pero donde la experiencia cinematográfica también ha colaborado. Aunque solamente sea como demostración total de ambición por parte de una artista total, esencial, única e imprescindible. La Reina Knowles.