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MATTODOTERRENO DILLON

Tu cara me suena: Matt Dillon, de tipo duro de Hollywood a secundario desaprovechado

Matt Dillon es uno de los grandes actores de su generación. Aunque casi siempre ha sido un secundario de lujo, su alucinante registro le hace brillar por cada esquina de Hollywood donde deja su rubrica.

Por Mario Álvarez de Luna Costumero 18 de Febrero 2019 | 10:02

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Durante su primera etapa como seductor en Hollywood, Matt Dillon procuró trabajarse el futuro con interpretaciones que fuesen un poco más allá del clásico rebelde adolescente con aires de grandeza. Ese prototipo chulesco y socarrón que tan bien encajó con su idiosincrasia, fue el mismo que le condenó al ostracismo cuando el cine cambió en los 2000. Las películas de canallitas con grandes cantidades de testosterona se convirtieron en buenazos románticos. En ese proceso, el desafiante Bob de 'Drugstore Cowboy' se quedó en un segundo plano hasta que apareció Paul Haggis con 'Crash (Colisión)'. Recibió una nominación al Oscar y, una vez más, vuelta a papeles secundarios en películas menores. Una montaña rusa en la que no ha podido dejarle claro al imaginario colectivo que su talento está muy por encima de su trayectoria.

Matt Dillon

La oportunidad de reengancharse al tren del dinero (y la consideración) vino por parte de la televisión, gracias a su Ethan Burke en 'Wayward Pines', una serie que empezó de una manera tan inquietante, con ecos al universo lynchiano, que el golpe posterior fue demasiado fuerte como para soportarlo. Al tipo le habíamos visto toda la generación de principios de los noventa, tonteando con una de las actrices más bellamente prometedoras de la industria (Lindsay Lohan) en 'Herbie: A tope' y reventando el medidor de bobadas medio serias junto a Willem Dafoe en 'Tierra del mal', así que de algo nos sonaba su chulería de agente encubierto. Sin embargo, durante esa década de proyectos de segunda fila, Dillon no terminó de quedarse en la memoria del gran público, no tanto, al menos, como lo había hecho de adolescente en los 80.

Así que, con visos de cambio en la colina angelina y dispuesto a poner en liza su amplio espectro de interpretación, Dillon aceptó ser un arquitecto psicópata con TOC, valga la redundancia, en manos de Lars Von Trier. De alguna manera, este trabajo, aplaudido por algunos y vilipendiado por otros, resume su carrera como una suerte de vórtice en el que aparecen y desaparecen sus mejores y peores trabajos. 'La casa de Jack' ha sido su último reto, antes de acompañar a Tom Hardy en 'Fonzo', la nueva película de Josh Trank en la que se analiza la demencia de un Al Capone recién salido del presidio y completamente atormentado por su pasado. Dillon, del que no se conocen más proyectos en el futuro, siempre es un seguro para cualquier director que no tenga muy claro hacia dónde encauzar su producción. Si quieres riesgo ('La ley de la calle') te dará riesgo; si quieres ligereza ('Algo pasa con Mary') te dará ligereza. Un actor que merece que le conozcas.

Tu cara me suena: Matt Dillon

Dallas Winston en 'Rebeldes' (1983)

Dallas Winston en 'Rebeldes' (1983)

Dallas Winston es el personaje que le abrió las puertas de Hollywood de par en par. Co-protagonista en la 'Rebeldes' de Francis Ford Coppola, Dillon encarnó aquí a uno de los miembros de 'Los grasientos', una de las bandas que pujan por el control territorial de su barrio, con tanta chulería y naturalidad, que parecía imposible que el tipo fuese diferente en realidad. Dejó una frase para el recuerdo ("The less I know, the better") antes de confirmar que su futuro como outsider en la industria se iba a apoyar en un perfil de personaje que no necesitaba de demasiada academia y sí de vida en la calle. Dillon ya empezaba a seducir a las grandes productoras con sólo 19 años.

Rebeldes en eCartelera

Rusty James en 'La ley de la calle' (1983)

Rusty James en 'La ley de la calle' (1983)

En el mismo año y bajo las órdenes del mismo cineasta, llegó su Rusty James en 'La ley de la calle', una evolución natural de Dallas Winston, pero con un poco más de mala baba y sueños por cumplir. Después de que su hermano (Mickey Rourke) se marche del barrio, el joven Rusty pretende regresar a la época pandillera para revivir la tensión y la adrenalina de tiempos mejores. En ese sentido, Dillon tuvo un año de especialización intensiva en lo que significa ser un canalla con cierta tendencia hacia el desorden y la violencia. No había alcanzado los 20 años y ya contaba con dos títulos de Ford Coppola en su carta de presentación. Dos personajes muy parecidos, casi hermanos, pero al fin y al cabo se trataba de un desarrollo natural en el proyecto de un autor que trataba de reflejar la realidad de las pandillas juveniles en Estados Unidos. Dillon formó parte de esa tentativa, pero rápidamente decidió adaptar su perfil a la nueva hornada de tipos duros con corazón.

La ley de la calle en eCartelera

J.C. Cullen en 'Mano de oro' (1987)

J.C. Cullen en 'Mano de oro' (1987)

En 'Mano de oro', que llegó a las salas cuatro años después de su idilio con Ford Coppola, el bueno de Matt se pone en la piel de un experto tirador de dardos que, en su machada hacia la conquista de los locales de Chicago, termina en una relación a tres con la mujer del dueño del 'Gem', el pub donde se reúnen los mejores profesionales de la diana. El tipo, se entiende demasiado peligroso para nuestro protagonista, tratará de llevárselo por delante con tal de mantener a su mujer cerca. Aquí ya se empieza a vislumbrar el cambio de tercio de un Dillon que seguía siendo chulo, pero al menos tenía la mayor causa de peso de los 80: el amor. Su affaire con la co-protagonista (Diane Lane) le proporcionó una nueva dimensión a su perfil de canalla ingobernable. No obstante, esa mirada, cigarro en boca y codo en la barra, sedujo a demasiadas personas como para dejarlo pasar tan fácilmente.

Bob en 'Drugstore Cowboy' (1989)

Bob en 'Drugstore Cowboy' (1989)

El culmen, la cátedra de Dillon como seductor-canalla-romanticón llegó en 1989 con uno de sus mejores personajes de siempre: el Bob de 'Drugstore Cowboy'. Lo cierto es que todo lo que había aprendido de las pandillas juveniles de los 80 lo tuvo que utilizar para viajar hasta los 70 como dealer de una banda de toxicómanos que atracaban farmacias a lo largo y ancho de Estados Unidos para saciar su drogadicción. Pero, y aquí llega el giro que no habíamos encontrado en sus personajes previos, Bob decide poner fin a la debacle existencial y reformarse para vivir la realidad. La de Gus Van Sant es una película que busca algo similar a lo que encontró Danny Boyle en 'Trainspotting': definir la idiosincrasia de toda una generación y tratar de reflejar el esfuerzo de algunos por salir de un pozo que siempre volvía a aparecer delante de ellos cuando iban a dar el paso definitivo. Dillon, junto a una impresionante Kelly Lynch, se ajusta a la norma de un papel que no sólo requería de atrevimiento, socarronería e indiferencia por el prójimo, sino que además pedía una introspección y un cambio de estatus en su habitual aventura como pandillero salvaje.

Drugstore Cowboy en eCartelera

Matthew en 'Ángeles sin cielo' (1993)

Matthew en 'Ángeles sin cielo' (1993)

Los 90 no le sentaron demasiado bien a Dillon, quien cambió la seriedad de sus pandillas por personajes que buscaban la honestidad e historias ciertamente más emotivas. En 'Ángeles sin cielo' se junta con Danny Glover para hablarnos sobre la naturaleza de las relaciones personales que no buscan el prejuicio o la diferencia, sino la afectividad y la compañía. Ambos indigentes, el Jerry de Glover es un veterano de la Guerra de Vietnam y el Matthew de Dillon un joven esquizofrénico sin ningún futuro en Nueva York. No obstante, ambos conocen su verdad y, desde ese punto, entablan una amistad que trasciende la etnia y el origen. De alguna manera, es un retrato de esa Norteamérica profunda que se esconde tras el sueño americano; esa pobreza que inunda las calles y establece las jerarquías de una sociedad capitalista que sólo quiere dinero. Dillon y Glover llevan a cabo un trabajo tan sincero, que 'Ángeles sin cielo' entra por mérito propio en la lista con la que debes reconocer a nuestro querido Matt.

Larry Maretto en 'Todo por un sueño' (1995)

Larry Maretto en 'Todo por un sueño' (1995)

Larry Maretto es el primer personaje pseudo-cómico de Dillon en Hollywood, mientras que el humor negro de 'Todo por un sueño' es un aperitivo noventero (en la línea de 'Instinto básico') de lo que llegaría tres años después en 'Algo pasa con Mary'. Las líneas de la trayectoria que ha llevado Dillon a lo largo de sus 30 años de carrera están perfectamente definidas. En los 90, la comedia llamó a su puerta para rebajar los niveles de testosterona que, años más tarde, iban a volver con más fuerza y, por qué no decirlo, emotividad. Este es su segundo proyecto con Gus Van Sant y en él comparte protagonismo con una Nicole Kidman que terminó eclipsándolo (¿y a quién no?) como mujer fatal con un sueño por el que hará lo impensable. Maretto es el mejor personaje para entender el trabajo de un intérprete que cambió la navajilla pandillera y la moto de canalla por la ironía y el amor desaforado.

Todo por un sueño en eCartelera

Healy en 'Algo pasa con Mary' (1998)

Healy en 'Algo pasa con Mary' (1998)

Para muchos, el mejor personaje de 'Algo pasa con Mary' fue Healy. Aquí, Dillon estuvo como si siempre se hubiese dedicado a la comedia absurda, con un tipo completamente alejado del clásico detective riguroso. Muy al contrario, Pat Healy es una parodia posmoderna del trinomio Dallas-Rusty-Bob, colocado en una comedia entretenida de finales de los 90. Se estaban acabando las oportunidades y Dillon se agarró a la de los hermanos Farrelly para sobrevivir a la fiebre de las comedias románticas. Pero no podemos culparle, ¿quién no se enamoraría de Cameron Díaz?

Algo pasa con Mary en eCartelera

Officer Ryan en 'Crash (Colisión)' (2004)

Officer Ryan en 'Crash (Colisión)' (2004)

De momento, el personaje que más alegrías le ha dado (y más lágrimas ha causado). Cuando el incombustible Paul Haggis le comentó la posibilidad de protagonizar una de las películas del año, a Dillon no le importó enfundarse el uniforme de policía racista e intolerante para arrasar conciencias. Recibió una nominación al Globo de Oro, otra al BAFTA y otra al Oscar, aunque no pudo materializar ninguno de los tres galardones. No obstante, a Dillon ya había que considerarle como un seguro para cualquier director que buscase versatilidad. Sin embargo, todo cambió y los siguientes 10 años pasaron de proyecto de perfil bajo en proyecto de perfil bajo, exceptuando a su Patton Dubois en 'Nada más que la verdad'. Después de 'Crash (Colisión)', volvió a la senda del tipo duro sin ideales y se instaló en un ostracismo del que salió en 2015 con una de las series más "parecía que sí" de este siglo.

Crash (Colisión) en eCartelera

Ethan Burke en 'Wayward Pines' (2015)

Ethan Burke en 'Wayward Pines' (2015)

Con uno de los openings más inquietantes y prometedores de la década, 'Wayward Pines' nos estaba gritando a la cara que el mejor Matt Dillon estaba de vuelta. Sin embargo y aunque, en efecto, Dillon no pudo hacer mucho más por su Ethan Burke, la serie avalada por M. Night Shyamalan se quedó en agua de borrajas. Por la parte que nos toca, conviene romper una lanza en favor de la serie de FOX como proyecto que rescató al actor de sus peores galas para una buena causa, por lo que, a pesar de no entrar en detalles sobre lo que podría haber sido la heredera de 'Twin Peaks', tenemos que agradecerle esa decisión por devolvernos al Dillon que nunca debería haberse ido. Ese que perfiló tanto Haggis que terminó desapareciendo.

Jack en 'La casa de Jack' (2019)

Jack en 'La casa de Jack' (2019)

Aunque su futuro está en la 'Fonzo' de Josh Trank y Tom Hardy, el proyecto que nos ha regalado la mejor interpretación del nuevo Matt Dillon no es otro que 'La casa de Jack', un espectáculo grotesco en el que su creador, Lars Von Trier, se dedica a sí mismo una fábula sobre la Divina Comedia en tiempos de incertidumbre. No sabemos si de alguna manera autobiográfica, 'La casa de Jack' es un recipiente en el que ha vertido todo lo aprendido durante los años de carrera o se trata, compleja y llanamente, de una historia que profundiza en el sino del ser humano, en el arte de la violencia y en la capacidad para rompernos por dentro con tal de encontrar nuestro camino y superar nuestros trastornos. Jack es todo lo que podía llegar a ser Matt, así que para nada nos extrañaría que la ola de éxitos se extendiese a lo largo de esta nueva década.

La casa de Jack en eCartelera
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