Todos tenemos una década favorita en la extensísima filmografía de Woody Allen. Es lo que tiene ser uno de los grandes genios de la historia del cine durante los últimos sesenta años. Sin embargo, parece prácticamente seguro que, en la mayoría de los casos, los setenta y los ochenta serían las etapas más destacadas por casi cualquier persona a la que se le preguntara al respecto. Y lo cierto es que, teniendo en cuenta la cantidad de obras maestras que acumuló en esos veinte años el bueno de Woody, tiene sentido.

Ya fuera desde la comedia más absurda o desde los dramas de tono lento y esencia desgarradora, propuestas más arriesgadas e incomprendidas, sí, pero igualmente disfrutables, Allen comenzó a hacerse un gigante película a película, demostrando un talento, personalidad y universo propio tan únicos como imprescindibles. Luego vinieron cimas de alturas incalculables, pero la importancia de los primeros pasos siempre tiene algo especial.
Todas y cada una de las películas que conforman este especial contienen el característico y reconocible sello de su ilustrísimo autor, suponiendo una perfecta puerta de entrada al mundo Allen. Un espacio repleto de gags maravillosos, diálogos de auténtico oro, personajes memorables y cine en estado puro. Los comienzos de un maestro inigualable.