12 frases míticas del cine español

Israel Calzado Lunes 25 enero 2016

Seguro que si alguien nos pregunta por una frase de película, rápidamente se nos vienen a la cabeza el "Yo soy tu padre" de 'El Imperio contraataca' (Irvin Kershner, 1980); "Le haré una oferta que no podrá rechazar" de 'El Padrino' (Francis Ford Coppola, 1972); o el "Tócala otra vez, Sam" atribuida a 'Casablanca' (Michael Curtiz, 1942), por más que esta no salía en el film...

Atraco a las tres

Pero muchas veces nos olvidamos de que el cine español también nos ha dejado líneas célebres e inolvidables, fácilmente reconocibles (a veces por su contundencia, a veces por su innegable gracejo hispánico) y que, en cierto modo, ya forman parte también del imaginario colectivo del espectador medio.

He aquí un pequeño repaso por las más recordadas y memorables, que sirven también de humilde homenaje a nuestra propia cinematografía:

Frases míticas del cine español

1 "Como alcalde vuestro que soy..."

La decía: Don Pablo (José Isbert).

En la película: '¡Bienvenido, Mister Marshall!' (Luis García Berlanga, 1953).

Pues verá usted: que en el pueblecito de Villar del Río (que en realidad era Guadalix de la Sierra, cosas del cine) se enteraron un día de que llegarían los americanos con su famoso plan Marshall, y sus dólares bañarían de riqueza y prosperidad a todos los humildes habitantes de esta pequeña aldea castellana. Tal acontecimiento merecería una gran recepción por parte de los vecinos, y así son informados por su primer edil desde la balconada del Ayuntamiento, en la que probablemente sea la escena más homenajeada de toda la Historia del cine español. ¡Qué genial Pepe Isbert, clamando que esa explicación que nos debía "nos la iba a pagar"!

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2 "La guerra es algo muy cómodo"

La decía: Juan Fernández Soler (Alberto Closas).

En la película: 'Muerte de un ciclista' (Juan Antonio Bardem, 1955).

Quizá para las generaciones más jóvenes la saga de los Bardem se limite a Javier y Carlos, y, en todo caso, a la madre de ambos, Pilar; bueno sería que descubrieran el talento del tío del primero, Juan Antonio, que en 1955 firmó un clásico entre clásicos del cine español. La 'Muerte de un ciclista' a la que alude el título es, en realidad, la falla por donde afloran todos los trapos sucios de la alta sociedad del momento, encerrada en su propia burbuja noble, y que en una España lacónica y gris sólo tenía que echar mano de las consecuencias de la guerra y de los desmanes de los vencidos para justificar sus propias miserias.

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3 "Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo"

La decía: Fernando Galindo (José Luis López Vázquez).

En la película: 'Atraco a las tres' (José María Forqué, 1962).

No hay carta de presentación más genuinamente divertida e ingeniosa en todo el cine español: cuatro epítetos que, en cierto modo condensaban la quintaesencia del prototipo hispánico (bajito, moreno, medio calvo, físicamente no muy agraciado) que, en la España de la posguerra de los años cincuenta y sesenta, tan bien supo encarnar el inolvidable José Luis López Vázquez. La sociedad de entonces pregonaba el papel de la mujer como sumisa ama de casa, pero un par de largas y contorneadas piernas hacían que hasta el más pintado perdiera en sentido (y, en este caso, la noción del atraco que se estaba planeando), arrastrándose ante la presencia de una bella fémina.

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4 "Alguien tiene que aplicar la ley"

La decía: Amadeo (José Isbert).

En la película: 'El verdugo' (Luis García Berlanga, 1963).

Parece increíble que hasta hace menos de medio siglo la pena capital se aplicara con arbitraria rigurosidad en nuestro país. Y ahí donde todos vemos una tragedia para la sociedad, dos genios como Azcona y Berlanga se las ingeniaron para sortear a la censura en plena posguerra y retratar, con ácido humor y velada denuncia, un deplorable e inhumano sistema de justicia, visto a los ojos de quien tiene que heredar un oficio tan macabro y a la vez tan rutinario como el de verdugo. Pero es que ya lo decía, resignado y lacónico, el gran Pepe Isbert: "Es la ley, y alguien tiene que aplicar la ley".

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5 "¡Milana bonita!"

La decía: Azarías (Francisco Rabal).

En la película: 'Los santos inocentes' (Mario Camus, 1984).

En la sociedad feudal a la que retrocedió España durante el franquismo, la llamada pura e inocente de un pobre tonto rural era, a fin de cuentas, el grito más honesto en un mundo desquiciado. Mientras un resignado Paco "el bajo" (Alfredo Landa) se afanaba por cumplir con los deseos de su amo para poder llevarle algo que comer a su resignada familia e intentar darles un futuro mejor a sus hijos, Azarías (Paco Rabal), en su fealdad e ignorancia, provocaba ternura y compasión, y todos comprendimos su arrebato salvaje. La dignidad de un hombre es una de las pocas cosas que los señoritos de alta alcurnia no pueden domar.

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6 "Pues yo creo... que me voy a sacar la chorra"

La decía: Carmelo, el borracho (Miguel Rellán).

En la película: 'Amanece, que no es poco' (José Luis Cuerda, 1989).

Una frase lapidaria que resume todo el espíritu satírico, surrealista y por momentos absurdo de una película inolvidable donde los curas son ovacionados en misa, los borrachos se desdoblan, se elige democráticamente a la guardia civil o a la prostituta del pueblo y a veces salen hombres en el sembrado. Da lo mismo la situación o la conversación en la que te encuentres, siempre puedes salirte por la tangente con esta frase para desconcierto de los presentes. Y si quieres elogiar a alguien siempre le puedes decir aquello de: "Todos somos contingentes, pero tú eres necesario".

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7 "- ¿Eres satánico? - Sí, señor. Y de Carabanchel"

La decía: José María (Santiago Segura), respondiendo a la pregunta del padre Ángel (Álex Angulo).

En la película: 'El día de la bestia' (Álex de la Iglesia, 1995).

Lo que empieza siendo el delirio de un teólogo obsesionado con el Anticristo termina siendo todo un ejercicio de quijotización del espectador, que, ante la avalancha de indicios (algunos brutales, otros más sutiles) del asentamiento del mal en un Madrid de fin de siglo, se pregunta si realmente no nos encontramos ante el advenimiento del apocalipsis y simplemente no nos estamos dando cuenta. ¿Cómo empieza uno a buscar a los satánicos de una gran ciudad? Pues preguntando, simplemente.

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8 "Me llamo Ángela. Me van a matar"

La decía: Ángela (Ana Torrent).

En la película: 'Tesis' (Alejandro Amenábar, 1996).

Casi nadie en este país había oído hablar del snuff hasta que un pimpollo de veintitrés años rompió todos los esquemas con su sorprendente y eficaz ópera prima. 'Tesis' ganó siete goyas (entre ellos, Mejor Película y Mejor Director Novel), puso en primera plana al jovencísimo Alejandro Amenábar y rompió el aparentemente arcaico statu quo en el que se encontraba el cine español. Y todo alrededor de una frase tan sencilla en su forma como descomunal en su fondo que anunciaba que otras historias, otras películas, ya estaban llamando a nuestra puerta.

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9 "El conceto es el conceto"

La decía: Pazos (Manuel Manquiña).

En la película: 'Airbag' (Juanma Bajo Ulloa, 1997).

¿Alguien recuerda hoy con detalle la trama de 'Airbag'? Su mejor legado fue el descubrimiento de un entonces prácticamente desconocido Manolo Manquiña, que a sus cuarenta y cuatro años fue la gran revelación de la temporada '97 regalándonos, con su particular acento, grandes y estrafalarias perlas como "Va ha haber hondonadas de hostias aquí", "Lo mismo que le digo una cosa, le digo la otra" o "A los hechos me repito". Esta desmadrada comedia pergeñada por Bajo Ulloa, Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo fue en su momento todo un bombazo de taquilla, pero, a decir verdad, en nuestro recuerdo queda simplemente como una demencial y explosiva road-movie a la galega rebosante de cocaína, sexo, personajes disparatados y muchos, muchos cameos (adelantándose, en cierto modo, a la saga 'Torrente'). Ese cóctel era, en definitiva, el concepto de la película.

10 "¿Nos hacemos unas pajillas?"

La decía: José Luis Torrente (Santiago Segura).

En la película: 'Torrente, el brazo tonto de la ley' (Santiago Segura, 1998).

Tosco, bruto, guarro, escatológico y burdo. Y así podríamos seguir para definir a Torrente, lo más chusco y barriobajero convertido en inmoral agente de policía. Un bisoño Javier Cámara le acompañaba en sus guardias, y con lindezas como ésta (repetida, por cierto, en varias secuelas) era con las que tenía que capear en la noche madrileña, "pero sin mariconadas, ¿eh?". Segura quería un personaje repulsivo, y mira por dónde ganó adeptos por millones y cuatro aventuras cinematográficas más... por ahora.

Torrente, el brazo tonto de la ley en eCartelera

11 "Grábalo todo, por tu puta madre"

La decía: Ángela Vidal (Manuela Velasco).

En la película: '[REC]' (Jaume Balagueró & Paco Plaza, 2007).

¿Cómo reaccionaríamos si nos viésemos atrapados en un viejo edificio de la barcelonesa Rambla de Cataluña donde los inquilinos se ven afectados por una extraña especie de rabia contagiosa? La intrépida reportera de un canal local de televisión combate el miedo, la angustia y la paranoia con su instinto periodístico natural, obsesionada por documentar todo cuanto sucede en ese maldito inmueble. Y el espectador, introducido en esta pesadilla macabra desde el punto de vista del cámara que acompaña a la joven, no puede sino seguir sus indicaciones. Y vaya que si se nos quedó grabado... en nuestra retina.

[REC] en eCartelera

12 "Gabilondo Urdangarín Zubizarreta Arguiñano..."

La decía: Rafa (Dani Rovira).

En la película: 'Ocho apellidos vascos' (Emilio Martínez-Lázaro, 2014).

El gran éxito de público de la pasada temporada basaba su humor en algo muy hispánico: los chistes regionales y el contraste cultural y social norte-sur. Cuando un chico de Sevilla llega a Euskadi en busca de la chica de la que se ha quedado pillado, lo mejor que puede hacer para evitar los prejuicios es intentar ser uno más de la zona, y claro, pasa lo que pasa: los localismos son mucho más que unos simples tópicos. Los guionistas Diego San José y Borja Cobeaga, acertadamente, dieron la vuelta a muchos prejuicios absurdos de parecen fragmentar nuestra sociedad: no hay más que ver la cara del pobre Dani Rovira, frente a un imponente Karra Elejalde, intentando recordar sus ocho apellidos vascos. Pero ojo: "¡Clemente no es vasco!".

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