Si las secuelas suelen generar multitud de críticas, polémicas, comentarios, enfados preventivos y discusiones eternas, desde aquí, si escucháis bien, se pueden escuchar los pasos de la pereza, lo que sucede con las precuelas no se suele quedar atrás. Ni mucho menos. ¿La razón? El temor a que se rompa lo querido. O de que una película no sea aquella que esperas, lo cual es un motivo todavía más absurdo.
En cualquier caso, respetando todas y cada una de las opiniones, en este especial encontramos diez ejemplos que demuestra que no siempre sale mal el viaje a los orígenes de algunos de los grandes clásicos del séptimo arte. En el caso que nos ocupa, además, entramos en el terror, género que, también aquí, nos ha dado un buen puñado de considerables alegrías.
Habrá quienes las sigan señalando como propuestas prescindibles e innecesarios, hay cosas inevitables, pero a (casi) nadie se le escapa que estas diez propuestas complementaron, engrandecieron y abrazaron con su talento a sus predecesoras. El principio de las historias, en muchos casos, bien merece un trayecto hacia el pasado.