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Bryan Singer cumple 50 años: 9 películas del cineasta mutante

Alexander Zarate Jueves 17 septiembre 2015

Bryan Singer tiene algo de cineasta mutante, pero sobre todo por indefinido, como si fuera varios, y no acabara de definirse por una de sus personalidades, o las alternara, e incluso, a veces, las reprimiera. Empezó a perfilar con 'Sospechosos habituales' cierto prestigio de cineasta singular, con cierta atracción por lo siniestro, pero sin perder demasiado las formas, ni querer realmente jugar con ellas, con la construcción del relato, como puntualizaba la posterior 'Verano de corrupción', un punto demasiado correcta, una tendencia que suele amenazar, y lastrar, su cine, como refleja su etapa intermedia, ortodoxa, demasiado ortodoxa, entre un superhéroe que se asocia con Jesucristo, conspiraciones de discípulos para matar una encarnación de lo demoníaco como Hitler, y un cazagigantes que supera discriminaciones de clase para conseguir a la princesa gracias a gestas elevadas.

Bryan Singer

Hay ciertas cuestiones que parecen recorrer su cine, como las discriminaciones y el rechazo a lo diferente, la ambivalencia de las apariencias y la naturaleza corrupta del ser humano, aunque tampoco hace gala de un estilo singular reconocible. En el mejor de los casos, se podría decir que recupera la sobriedad del clasicismo de los setenta, en el peor, que resulta un punto árido y un tanto impersonal

Por eso, no me parece que haya realizado una película que considere deficiente, pero tampoco una gran película, aunque 'Sospechosos habituales' esté cerca de serlo. De todos modos, sí que, haciendo honor a quien no ha dejado de cuestionar toda discriminación, es un cineasta que, no teniendo previamente aprecio alguno por los cómics, hizo bastante por dignificar el cine de superhéroes con 'X-Men', a cuya saga ha retornado con nuevos bríos, insuflando vigor creativo a una filmografía que parecía neutralizada en la indefinición.

9 'Superman Returns (El regreso)'

'Superman Returns'

Era un proyecto que se intentaba realizar desde hacía diez años, con directores como Tim Burton, Brett Ratner o McG, y guionistas como Kevin Smith o J.J. Abrams. Cuando Singer tomó los mandos rechazó el guion de este por querer transformar la visión del personaje, porque lo reimaginaba un príncipe kriptoniano que, tras ser enviado a la Tierra, conoce a Lois Lane en el instituto, e intenta impedir la invasión de la Tierra por su tío, quien es ayudado por Lex Luthor, realmente un kriptoniano infiltrado.

Brandon Routh es una fotocopia de Christopher Reeve, y Singer quiso fotocopiar la sobriedad, característica del cine de los setenta, como homenaje a la película de Richard Donner de 1978, pero lo intenta con tanto esfuerzo que le salió encorsetada como quien aprieta demasiado las cuerdas y deja un cuerpo sin respiración. Sobra demasiada reverencia, y sobrecarga demasiada referencia Crística. Ni Kevin Spacey logró insuflar algo de vida a una obra tan falta de aliento como de vuelo.

Para hablar de un superheroe con calzoncillos por fuera no hace falta engolar tanto la voz y vestirse de etiqueta con un traje tan rígido. Diría que es la versión más insulsa que se ha realizado de la figura de Superman si no se hubieran hecho antes las tres secuelas del 'Superman' de Donner, dirigidas por Richard Lester (dos) y Sidney J. Furie, y después Zack Snyder no hubiera realizado la aún más intragable 'El Hombre de Acero' (2013). Más que mala, es una película que deja indiferente. No importa mucho lo que ocurre, no cala nada en el recuerdo.

8 'Valkiria'

'Valkiria'

'Valkiria' (2008) es la puntillosa y severa ejecución del puzzle de la trama. Los conspiradores son las piezas, el plan para matar a Hitler, el engranaje. El relato es su registro meticuloso, con la distancia de un entomólogo que realiza un documental sobre insectos. El engranaje bien engrasado, pero poco más. Además, 'Valkiria' asemeja una impoluta vitrina. Sus planos recuerdan a esos vestuarios de película de época que se nota que no han sido usados antes de rodar la escena. Se beneficia de unos solventes actores (con la excepción de un Tom Cruise, falto en este caso del carisma que se supone a su personaje), pero carecen de la suficiente dimensión, descritos con demasiado sucintos trazos.

La afinada ejecución del resorte narrativo, haciendo honor a la fama de la rigurosa implacabilidad de la mente alemana, se superpone a las resonancias pesadillescas o angustiosas de las emociones puestas en juego por las circunstancias que se vivían. Todo se mira demasiado desde la distancia, no hay tensión, y las figuras más que seres de carne y hueso parecen geypermans.

7 'Jack el caza gigantes'

'Jack el caza gigantes'

Con 'Jack el cazagigantes' (2013), Singer refrendaba que no es un cineasta que destaque por la singularidad de su estilo, ni por una mirada particular. Es una película, como las dos anteriores, que podrían haber sido realizadas por otros cineastas igual de impersonales, y por tanto intercambiables. Una mirada neutra para una película que se parece demasiado a muchas otras, cual producto en una cadena en serie. En este caso, parece que el material no propiciaba que adoptara una pose de severa transcendencia. Simplemente, con cierto dinamismo que impide que la indiferencia se torne somnolencia, narra un relato fantástico con habichuelas que cuando crecen conectan con otro mundo en las alturas en las que habitan unos gigantes no precisamente pacíficos. Suben, bajan, se vive algún instante de tensión que anima episódicamente la función, el chico de humilde procedencia consigue realizar su sueño de amor que parecía innacesible por las alturas que le separaban por posición social de la princesa, y colorín colorado termina un cuento que poca huella ha dejado.

6 'X-men'

'X-Men'

Singer no tenía en principio mucha disposición para realizar 'X-men' (2000), porque no era muy entusiasta de los cómics, más bien los consideraba material de segunda categoría. Pero cambió de opinión cuando los leyó y apreció que posibilitaban una sustanciosa reflexión sobre la discriminación por ser diferente. Por eso, uno de los personajes que centró esta primera entrega de una exitosa serie de películas fue uno que no era de los recurrentes en los cómics, Pícara (Anna Paquin), porque su idea de que mata con el contacto condensaba esa idea del rechazo.

Singer combinaba con agudeza esta característica con el otro personaje central, Lobezno (rechazado por Russell Crowe, quien recomendó a Hugh Jackman, tras que Dougray Scott no pudiera interpretarlo por coincidir con otro rodaje), alguien que el tacto lo hace herida con sus uñas de metal, como si fuera el reflejo del resentimiento y la furia por el daño sufrido. La película adolece de cierta sensación de carta de presentación de personajes. Aunque haya una trama con su correspondiente clímax, parece el aperitivo de lo que se desarrollará con más sustancia en la segunda de la serie.

5 'Public access'

'Public Access'

Su opera prima, 'Public access' (2003), se hizo con un muy bajo presupuesto, utilizando película sobrante de 'Drácula de Bram Stoker' de Francis Ford Coppola u 'Hoffa' de Danny DeVito. Supuso la primera de cuatro colaboraciones con el guionista, y luego también director, Christopher McQuarrie.

Consiguió un premio en Sundance pero no ayudó a que consiguiera distribuidor. Como la posterior, 'Sospechosos habituales', es un relato sobre lo engañoso de las apariencias y las manipulaciones siniestras (reflejo de la era Reagan y su uso de los medios para distraer la atención de las cuestiones importantes). Un personaje misterioso llega a al típico pueblo de apariencia idílica y crea un programa de televisión en una cadena de acceso público que posibilita que la gente llame y cuente sus problemas de modo anónimo, pero poco a poco más que realizar un servicio empezará a entresacar las miserias del pueblo, propiciándose una turbia atmósfera social bien reflejada en una narración que, aun así, no logra extraer todo el potencial que ofrecía el conflicto planteado.

4 'Verano de corrupción'

'Verano de corrupción'

Antes de que con el rechazo a los mutantes realizara una equiparación con la discriminación de los homosexuales, ya realizó otra entre la homofobia y la persecución de los judíos por los nazis en la adaptación de una novela corta de Stephen King, 'Verano de corrupción' (1998). De nuevo, un pueblo de apariencia corriente en el que no parece pasar nada se convierte en metáfora de una sociedad, un país, que oculta sus miserias de puertas para adentro.

La traducción del título en ingles, 'Alumno apto', define cómo puede no haber mucha diferencia en cuanto al ejercicio de la crueldad entre un nazi criminal de guerra que ha buscado refugio con otra identidad en otro país que fue enemigo y un chico de dieciseis años. Aunque se consiguen momentos de malsana atmósfera, e Ian McKellen ofrece otra muestra de su magisterio actoral, deja la sensación de no ir a fondo con el material que tiene entre manos, como si no quisiera perder demasiado las formas, ni entrar de lleno en la abyección que insinúa con mirada incisiva. Quizá le faltó quitarse los guantes satinados.

3 'X-Men 2'

'X-Men 2'

Con 'X-Men 2' (2003), Singer logró armonizar la multiplicidad de personajes y tramas, sin el desequilibrio de la presentación de la película inicial de la saga de mutantes, aunque dotara de más potencia dramática alguna de esas líneas de trama, como la confrontación de Lobezno con su pasado, bien conjugada con el conflicto sentimental del presente, su rivalidad con Cíclope por el amor de Jean, que culmina con un desenlace sorpresivo de índole trágica no carente de efectiva intensidad dramática.

Mientras los cortes del montaje afectaron a personajes como Cíclope, el reciente Oscar de Halle Berry propició que se escribieran nuevas escenas para que tuviera más presencia (también, por cierto, dejó de utilizar el acento keniata que utilizaba en la primera). Singer acentuó la consideración de la monstruosidad de lo "normal" a través del humano, demasiado humano, villano, Stryker (un excelente Brian Cox).

2 'X-Men: Días del futuro pasado'

'X-Men: Días del futuro pasado'

Singer recupera la vertiente más interesante de sus primeras obras, un aprecio por lo siniestro y lo turbio, y un afán por revelar la corrupción de la sociedad o de la naturaleza humana. 'Días del futuro pasado' (2014), se trama sobre un viaje hacia el pasado, y significativamente, hacia otro momento crucial en la historia americana, en cuanto traumático, 1973, en pleno proceso de el caso Watergate que conllevaría la primera dimisión de un presidente norteamericano, Richard Nixon, asi como implicaría la asunción de que la corrupción estaba asentada en el emblema de la sociedad, en los representantes del pueblo.

Por eso acierta en el enfoque del núcleo dramático: se centra en Xavier (James McAvoy), alguien que ha perdido la ilusión, apatía que contrasta con la furia sin medida de Magneto. La película transmite una exuberante sensación de armonía entre las partes, entre ese mordaz substrato y un vibrante dinamismo narrativo que fluye con medida progresión, entre un ajustado perfil dramático, que se beneficia de un conocimiento de los personajes previamente establecido, y una emoción que brota como una precisa incisión. Además, contiene una de sus más inventivas ideas de puesta en escena: La secuencia del tiroteo en el interior del Pentágono en la que cobra protagonismo Quicksilver. Por eso, me parece la obra más plena de la saga.

1 'Sospechosos habituales'

'Sospechosos habituales'

Su giro narrativo final es uno de los más sorprendentes, y celebrados, de la historia del cine. El guion de Christopher McQuarrie, que juega hábilmente con la construcción del relato y la manipulación del mismo según el punto de vista, recibió numerosos premios, incluido el Oscar. También lo ganó el actor que interpreta al memorable manipulador y guionista dentro de la misma historia, Kevin Spacey, como el personaje que parece una cosa y es lo opuesto, actor que ese año entregaría otra asombrosa interpretación, con otro inolvidable personaje, en 'Seven', de David Fincher.

El título se extrae de una frase que decía Claude Rains en 'Casablanca', y la imagen de los cinco criminales que se conocen en una rueda de reconocimiento fue la imagen de partida, combinada después con ese misterioso personaje, Keyser Sozé, una siniestra figura que tiene tanto de inventada como de real, como buena falsa apariencia persuasiva que sirve a su vez de camuflaje. En una narración tramada sobre los 'montajes' que presentan (incluso para el espectador) como real lo inventado (McQuarrie ideó su guion a través de un tablón de anuncios, mientras esperaba en una sala del bufete de abogados donde trabajaba, como el personaje de Spacey idea todo su relato con el tablón en la comisaria), resulta fundamental la sorna contenida en el mismo vivaz montaje de su habitual colaborador John Ottman (quien compone también la inspirada banda sonora).

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