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'Downton Abbey': Regocijo emocional al servicio de los fans

Luisa N. Jabato Viernes 20 septiembre 2019

Podríamos dividir los largometrajes que nacen de la televisión en tres categorías: un capítulo más, pero más largo (véase 'Los Simpson: La película'); necesarias para finalizar tramas que quedaron abiertas tras una repentina cancelación (tipo la 'Serenity' de 'Firefly'), o un regalo para los y las fans que solo quieren volver a ver a sus personajes favoritos un poco más. 'Downton Abbey', la película que continúa la mítica serie británica emitida entre 2010 y 2015, pertenece evidentemente a este tercer grupo: no tiene mucho que aportar ni lo intenta, como a cualquier fiesta aquí hemos venido a divertirnos.

Conocimos a los Crawley y sus entregados empleados en 1912, cuando el Titanic acaba de hundirse y el futuro heredero de la familia con él. 15 años ficticios han pasado desde entonces, estamos en 1927 y aunque la aristocracia no tiene el prestigio ni el glamour de antaño, la abadía del condado de Downton sigue siendo, en palabras hasta del servicio, "el corazón de la comunidad". Al igual que en cualquier entrega más de una saga, la película dirigida por Michael Engler espera que su público llegue a la sala con los deberes hechos pues en sus escasos 122 minutos no hay tiempo para hacer memoria de todas las tragedias y circunstancias personales que han dado forma a los habitantes de la gran casa. Aquellos que aman a los Crawley se sentirán cómodos y arropados, porque el viaje es pura nostalgia y se deleita únicamente en lo mejor de sus personajes, revistiendo nuestras vidas por un rato en plata, glamour y vestidos de época.

'Downton Abbey'

Los Crawley son el lado más amable de la oligarquía, una visión idílica e inocente de lo que en realidad fue un sistema de castas colectivamente aceptado, un culebrón donde todos son una gran familia aunque el piso de arriba esté lleno de alfombras, tapices, bibliotecas y almohadas mientras el de abajo se compone de habitaciones humildes y salas de trabajo. De hecho, y lamentablemente, no queda nada de aquel progreso o aquella crítica al estancamiento institucional que se pincelaba en las últimas temporadas. Si en algún momento la serie se cuestionó la importancia real de valorar y respetar las tradiciones a expensas de la evolución social, 'Downton Abbey', la película, perpetúa una mentira histórica con utópicos estereotipo de clases, obviando todas las desigualdades e injusticias laborales en las que no nos apetece detenernos mientras se está fraguando un nuevo romance, se prepara un gran banquete o se organiza otro baile de gala. A veces solo queremos estar bien, que ceben nuestro sueño de ser ricos pero manteniéndonos puros de corazón, y en ese sentido 'Downton Abbey' es tan reconfortante como un abrazo muy esperado o una taza de té caliente en los días fríos.

Julian Fellowes, creador de la serie y responsable también del guion, tenía claro que necesitaba justificar este regreso con una historia que uniese ambos mundos, el de arriba y abajo, y que hiciese tambalear el orden y la estabilidad de toda la casa. La visita real del Rey Jorge V (Simon Jones) y la Reina María de Teck (Geraldine James) es la excusa perfecta para sacudir los cimientos de Downton. Sin embargo, en realidad ninguno de lo personajes está especialmente impresionado con su llegada (excepto Molesley (Kevin Doyle), uno de los grandes robaescenas de la película), todos tienen asuntos más interesantes entre manos: el vestido que no llega de Lady Edith (Laura Carmichael), la guerra por una herencia de Maggie Smith e Imelda Staunton, una nueva criada que nos hace ojitos o el mal tiempo que nos podría arruinar un desfile. Problemas del primer mundo. La excepción son quizá Lord y Lady Grantham (Hugh Bonneville y Elizabeth McGovern) que se ve que han llegado a ese momento de la vida (o de la riqueza desmedida) en el que están convencidos de que todo saldrá bien porque alguien se ocupará de ello.

'Downton Abbey'

Guerra de honor, no de clases

En el piso inferior la cosa es un poco diferente: se ha prendido la llama de la revolución. La casa real viaja a Yorkshire con sus propios cocineros, criadas y mayordomos y eso daña el ego y el orgullo profesional de la cocinera, mayordomos y criados de Downton. Aunque al principio de la película todos los personajes son brevemente ubicados, el guion no pierde el tiempo en explicaciones y los diálogos son orgánicos, sin lugar para contextualizar cada trama ni explicar a los espectadores nuevos el historial personal y romántico de los y las habitantes de la casa. 'Downton Abbey' es una película al servicio de los fans, una película coral que se esfuerza en mostrar un pedacito de la vida de cada uno de los personajes. Todos tienen su momento, y por eso ninguno de ellos puede desarrollar un conflicto con el más mínimo peso emocional, una carga dramática que la serie alcanzaba con la paciencia de seis temporadas. La cinta, como los personajes, pasa de una trama a otra a golpe de plano aéreo sin aparentes consecuencias reales.

Para lo que sí encuentra tiempo su creador es para darle por fin a Barrow (Robert James-Collier), el mayor cínico de la casa y único personaje abiertamente gay de la serie, el romance ostentosamente azucarado que él también merecía. La Condesa Crawley (Smith) vuelve a acaparar las frases más ingeniosas y punzantes de toda Inglaterra, llenando cada habitación con su presencia e ironía y la complicada sororidad que ha desarrollado junto a Isobel (Penelope Wilton). Además, protagoniza junto a Lady Mary (Michelle Dockery) una de esas escenas preparadas para recordarle al público que aún tienen el poder de estrujarnos el corazón hasta la lágrima.

En general es un regreso muy satisfactorio, que no abre las puertas a nuevas películas o continuaciones, pero definitivamente tampoco las cierra y prepara a sus personajes para un futuro más que plausible.Todo el elenco principal regresa para deleitar a sus seguidores y seguidoras con tramas sencillas y finales felices. 'Downton Abbey' es más cómica, más amable, más cálida, dejando de lado su faceta más dramática y sufrida, y también parte de su credibilidad: tiene que hacer malabares con demasiados personajes para desarrollar y resolver cada tragedia y muchos de los sirvientes acaban compartiendo una única línea argumental. Pasar del formato serie al cinematográfico obliga a prescindir de cliffhangers, no hay tiempo para conflictos, solo para las resoluciones. Puro regocijo emocional.

'Downton Abbey'

No, la familia Crawley no necesitaba volver, no quedaron misterios por resolver, dramas por los que llorar ni secretos por descubrir, la vida seguía en Downton y ni criados ni señores nos necesitaban, pero está claro que el público a ellos sí y es que nada que haya tenido éxito parece poder abandonarse del todo. Si te dejas llevar, es maravilloso pisar una vez más, quizá la última, los jardines, los salones, escaleras y habitaciones de 'Downton Abbey', creer que ricos y pobres pueden de alguna manera ser una gran familia o que la autoridad y la sumisión son solo un espejismo cuando hay amor. Mira, ojalá.

Nota: 7

Lo mejor: Su espíritu buenrollista y cómo cuida y celebra a todos sus personajes por igual.

Lo peor: Es tan fan service que solo es disfrutable para quienes adorasen la serie.

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