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En la tercera temporada de 'La casa de papel' llueven billetes, en todos los sentidos

Jesús Agudo Viernes 12 julio 2019

La serie de habla no inglesa más vista del mundo en Netflix. En su recorrido en la televisión tradicional no fue mal, pero tampoco se acercó al fenómeno. Su llegada al streaming fue el impulso que le faltaba para atravesar el tejido de la sociedad. Meses después de su aterrizaje en el resto de países en los que está disponible la plataforma de Reed Hastings, 'La casa de papel' pasó de serie a huracán para la cultura pop. Por fin Harley Quinn podía descansar: el disfraz más cotizado del año fue un mono rojo y una máscara de Dalí. Y Netflix les recompensó dándoles la bienvenida con una nueva temporada, y un cheque en blanco.

La casa de papel

La serie de Álex Pina tiene claro qué busca el público para no despegarse del sofá: personajes con los que conectar, una factura que se acerque más a una película que a la típica serie española, y un ritmo trepidante, a ser posible terminando cada capítulo en alto. La primera (o dos primeras) temporada lo tenía, aunque su segundo tramo no fuera tan sólido como el inicio, todo y más. Cómo iban a ser capaces de seguir a este ritmo sin caer en el "efecto 'Prison Break'".

Pasar de Atresmedia a Netflix, sobre todo con los resultados probados, tiene una ventaja: la inyección de presupuesto. Y aunque la empresa no publique datos, tras ver los dos primeros episodios queda claro que directamente les debieron de dar un talón con muchos, muchos ceros. Antes de meternos en harina, hay que destacar esto, el diseño de producción, que si en su paso por Atresmedia era magnífico, ahora es digno de cualquier superproducción. Quizás se haya convertido en la segunda serie más cara de Netflix por detrás de 'The Crown'. Y si no, saben vender que así es. El primer capítulo es básicamente un alarde del dinero que tienen plano por plano.

La casa de papel

La nueva temporada empieza mostrándonos dónde se esconde cada uno de los miembros de la banda. Para ello llegaron a irse a Panamá o Tailandia a rodar. A rodarlas de manera preciosa. La sensación de paraíso, de la meta a la que querían llegar cada uno de los protagonistas se palpa en cada una de esas localizaciones. Hasta que la cosa se tuerce, y uno de los miembros del equipo es capturado. Para salvarlo, deciden hacer, como dice el Profesor (Álvaro Morte), lo que mejor saben hacer: robar. Como buena secuela, tiene que ser un plan mucho más grande que el de la Real Casa de la Moneda y Timbre. ¿Y qué puede haber más grande? El Banco de España, claro.

En vez de irse a la Plaza de Cibeles, la serie convierte los Nuevos Ministerios en el Banco de España (los extranjeros van a quedar muy confusos cuando vean el segundo robo al Banco de este año en 'Way Down' de Jaume Balagueró). Un edificio que recuerda bastante al de la Real Casa de la Moneda, pero es más grande, manteniendo la tónica de toda la temporada. La estética de la serie es realmente similar, se mantiene la continuidad dentro de ese cambio de escala, pero esta vez son totalmente autoconscientes del poder de las máscaras.

El fenómeno traspasa la pantalla (en la otra dirección)

Al igual que en el mundo real, la tercera temporada de 'La casa de papel' muestra cómo el Profesor y los demás se han convertido en iconos, adorados por un sector, criticados por otro. Los más buscados, los más queridos. Y aprovecharán ese poder de convocatoria para dar la vuelta a la trama de la primera y, esta vez, abrazar el caos, convertir su identidad en un reclamo y remover a toda la sociedad para que el robo paralice el país desde el minuto cero. Incluso llegan a utilizar imágenes reales de situaciones en los que su imagen se ha utilizado como símbolo de la resistencia. Ellos mismos parecen haberse creído este papel, aunque el objetivo primordial sea rescatar al miembro de la familia retenido.

La casa de papel

Los dos primeros capítulos son muy introductorios, sobre todo el primero, pero vuelven a ser un deleite de ritmo y de acción. El primero consigue ponernos rápidamente al día con todos los miembros de la banda y recordarnos sus puntos fuertes y débiles. Todo, de nuevo, narrado por el personaje de Úrsula Corberó, Tokio. Destaca de nuevo Morte como líder de la banda, tan adorable como calculador, y por supuesto el desparpajo de Alba Flores. También resultan muy interesantes las conversiones de los personajes de Itziar Ituño y Esther Acebo como miembros de la banda en pleno derecho. De los pocos personajes vemos todavía poco, de hecho solo se profundiza en el personaje de Rodrigo de la Serna, que cuenta con una escena por la que ya es una delicia que haya entrado a formar parte del equipo.

Pero de momento los dos capítulos que hemos podido ver son los cimientos de lo que se augura como un atraco espectacular. A través de saltos en el tiempo hacia delante y hacia atrás, como hacían en las temporadas anteriores, nos irán explicando lo justo del plan para tenernos atrapados. Aunque todo suene bastante igual a lo que ya hemos visto de la serie, ya dejan unas cuantas pinceladas de cómo piensan hacerlo distinto, no solo en tamaño (la lluvia de billetes ya deja claro que, de nuevo, juegan en otra liga en Netflix), sino en ejecución. Y aunque es pronto para decir si se llegará a volver repetitivo, con estos dos capítulos se han ganado al menos una oportunidad, encontrando hasta una muy buena idea para integrar a Pedro Alonso en la temporada.

La casa de papel

Tampoco es que lleguemos a ver mucho a la "villana" de esta nueva etapa, el personaje de Najwa Nimri, pero bastan un par de escenas para que la actriz deje con ganas de más. Pocas pueden jugar con una amabilidad fría como el hielo. Su Alicia tiene toda la pinta de que va a dar mucho juego. Y, de nuevo, el equipo de Álex Pina demuestra que son auténticos expertos en cliffhangers. Sería interesantísimo que Netflix publicara la media de tiempo invertido por la gente en ver la temporada. Los meses que han pasado desde los anteriores capítulos juegan a su favor: va a ser muy difícil parar una vez se pulse play.

En definitiva, dos capítulos son pocos para llevarse una sensación de lo que será la temporada en conjunto, sobre todo porque la trama principal solo acaba de empezar. Pero la sensación inicial es realmente positiva: sigue siendo un disfrute trepidante que engancha desde su prólogo. Y podemos esperar grandes cosas de la temporada, literalmente, visto que todo el dinero que robaron lo han invertido en estos nuevos episodios. Si os conquistaron con su primer atraco, id buscando la máscara de Dalí, porque todo apunta a que os van a volver a convencer.

La tercera temporada de 'La casa de papel' se estrena en Netflix el 19 de julio.

Nota (dos primeros capítulos): 8

Lo mejor: Engancha como el primer día. Se nota que se han gastado una pasta gansa.

Lo peor: Hay ciertos personajes que siguen siendo algo cargantes. Todavía es pronto para ver si será más de lo mismo o si sabrán darle un toque distinto.

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