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'Diamantes en bruto': La oscura belleza de apostar

Víctor Fernández 02 febrero 2020

Ben Safdie y Joshua Safdie sorprendieron al mundo en 2017 con su anterior película 'Good time', un adrenalínico thriller independiente que revivía, en cierto modo, un arte de aroma setentero, alejado completamente de los elementos actuales que marcan el cine de acción americano. Mucho más cruda, mucho más instantánea, la obra de los Safdie sigue el mismo camino en este su nuevo filme. Estrenada directamente en Netflix, a nivel mundial, 'Diamantes en bruto', al igual que 'Good Time', parece surgida de las entrañas, ya no solo de sus personajes sino también de su ciudad. Una ciudad, que como viene siendo común en la filmografía de los hermanos, se convierte en protagonista paralela.

Crítica Diamantes en bruto

La cámara de los Safdie sigue siempre a sus personajes por el submundo de un Nueva York que parece no querer acogerles. Desde ese padre con mentalidad infantil de 'Go Get Some Rosemary', pasando por la vida real de drogadicción e indigencia de Arielle Holmes, protagonista de 'Heaven Knows What', hasta llegar a los problemas legales de los hermanos Nikas en 'Good Time' o a la ludopatía al borde de abismo de Howard Ratner en 'Diamantes en bruto'. A todos y cada uno de ellos les une la urgencia de unos problemas que no saben solucionar y la mirada al abismo de un mundo al que no saben (o no quieren) adaptarse. Así es el cine de los Safdie, siempre atento, de manera personal y sin adornos, a aquellos marginados de la sociedad cuyas decisiones son la semilla principal de todos sus problemas.

El cine de los Safdie y sus conexiones

Y no es baladí repasar el resto de la filmografía de los hermanos Safdie para hablar de su nueva película. Las semejanzas y obsesiones son muy recurrentes y parejas desde que en 2007 Joshua se estrenase por solitario (en su único largometraje individual) con 'The Pleasure of Being Robbed', la odisea de una cleptómana e infantil mujer adulta que sobrevive sin darse cuenta de sus actos por la ciudad de Nueva York. Claro está que sus intereses se dirigen siempre hacia temas comunes. Ya en sus primeros cortometrajes ponían el ojo sobre solitarios e inconscientes personajes que vivían su edad adulta sin las preocupaciones que ello conlleva.

Sin embargo, estas primeras e interesantísimas obras, enmarcadas dentro del movimiento Mumblecore, tenían parte de esa ingenuidad de sus personajes, que se divertían dentro de la irresponsabilidad y la exploración de un mundo casi desconocido. Como toda película de este movimiento, las cintas navegaban entre el drama y la comedia, con un tono completamente libre y un presupuesto ínfimo que reflejaba aún más esa libertad. En ellas, por lo tanto, asomaba la cabeza un aire de fábula, tan entrañable como sencillo, que nos hacía mirar, sin apenas darnos cuenta, hacia una nueva sociedad joven que no comprende el mundo en el que vive y que no sabe cómo adaptarse a la vida adulta en un paisaje urbano puramente individualizado.

Crítica Diamantes en bruto

Por ello, poniendo como última película de esta etapa a 'Go Get Some Rosemary', los Safdie decidieron abandonar ese leve tono de comedia fabulesca de sus inicios para seguir mirando a los márgenes de la sociedad con algo más de firmeza y necesidad instantánea. Así surgió el nudo que conecta sus primeras obras con las últimas 'Good Time' y 'Diamantes en bruto': 'Heaven Knows What'. Siendo una de las más crudas recreaciones sobre mundo de la droga y los bajos fondos (los hechos están basados en las memorias de la propia protagonista) que ha dado el último cine norteamericano, los Safdie siguieron utilizando esa puesta en escena aparentemente involuntaria, casi improvisada, de su cine Mumblecore, pero introduciendo nuevos aspectos visuales y sonoros. De este modo, la música de sintetizador y las luces de neón, elementos de relación casi intrínseca que reflejan las obsesiones y dependencias de sus protagonistas y del mundo por el que caminan, son algunas de las apuestas aquí mostradas y que posteriormente han ido perfeccionando en su nueva etapa que podríamos denominar de carácter Scorsesiana.

Scorsese, Netflix y el thriller setentero

Y lo podemos denominar así no solo porque Martin Scorsese sea el productor de 'Diamantes en bruto', que también, sino porque los Safdie han encontrado en el cine de los 70 un espejo en el que mirarse. En una etapa donde el cine y la industria estaban cambiando por completo, y dónde los jóvenes cineastas reflejaban sus obsesiones ante la irremediable llegada de un mundo despersonalizado (con 'Taxi Driver' como bandera), es dónde estos jóvenes hermanos han hallado un punto en común con su cine Mumblecore, tan en los márgenes como el que realizaban muchos de aquellos noveles cineastas.

Ya en 'Good Time', el veterano realizador de 'El irlandés' aparecía como primer nombre en los agradecimientos, y es algo irónico pensar que todos están unidos por una plataforma que es casi símbolo de ese mundo capitalista e individualizado que reflejan con ansiedad (aunque a la vez no haya mejor metáfora para poder explicarlo). Por ello, y muchas más cosas, 'Diamantes en bruto' se posiciona como una de las joyas de la corona en este nuevo cine "independiente" estadounidense, consiguiendo aunar con total concisión los elementos visuales y narrativos que habían manejado en su cine los Hermanos Safdie, a la vez que actualizan y traen al presente aquellos ideados por los cineastas de la modernidad.

Crítica Diamantes en bruto

En sus primeros minutos, 'Diamantes en bruto' se mete en el interior de una gema extraída en una explotación en Etiopía (la que luego irá a parar a manos del protagonista) para recorrer una especie de viaje psicotrópico y sideral por los márgenes de un espacio exterior inconcreto que conecta directamente con el interior del personaje principal interpretado de manera sublime por Adam Sandler, y que demuestra el hipnotismo que se ha apoderado de él y que le lleva a cada minuto de metraje a una situación aún más al límite que la anterior. "Esta es la belleza de apostar", dice en un momento de la cinta. Una belleza monetaria y de ansia de poder que parece navegar por todos los personajes de la película hasta llegar a una escena final absolutamente demoledora y perfecta en la síntesis del discurso que los Safdie han manejado siempre (aunque nunca de manera tan abismal).

Así, además, en esa especie de inverso al cine de las grandes esferas, de cierto carácter lobotomizador, los Safdie cogen a uno de los actores triunfantes en ella, como ya hicieron con Robert Pattinson en 'Good Time', para otorgarle una nueva vida y, más aún en este caso concreto, darle el mejor papel de toda su carrera, reivindicándole (a Sandler) como un actor dramático portentoso e inesperado (más allá de 'Embriagado de amor'). Así, a través de un carácter visual nada caprichoso (los neones verdes símbolo de poder, los azules como la frialdad individual...) y una música que tuvo su apogeo justo en los años 70 con Isao Tomita, músico que utilizan en 'Heaven Knows What' y que aquí Daniel Lopatin actualiza, de algún modo, para ofrecer el mismo sentido hipnotizador (la heroína en la cinta de 2014, las apuestas en la de 2019), 'Diamantes en bruto' se posiciona como una de las grandes películas del año, con un ritmo vertiginoso y fascinante que provoca tanto miedo como tensión.

En definitiva, con lo nuevo de los Safdie estamos ante un viaje completamente frenético al interior de los oscuros peligros y vacíos del poder a los que se dirige una sociedad consumida por la ambición. Ante una exposición cruel del hipnotismo al que están abocados a descarrilar los grandes sueños. Sus personajes siguen siendo inadaptados consumidos por un poder que no saben controlar y que la sociedad tampoco puede permitir. Pero ahora, lo que antes era fábula y cierta esperanza, ha dado paso a la violencia y al descarnado viaje sin salida. Quizá queriendo decir que el mundo es así. Qué en realidad, y de manera definitiva, nos hemos acabado convirtiendo en nuestro propio abismo.

Nota: 9

Lo mejor: Adam Sandler en el mejor papel de su carrera. El estilo vertiginoso e hipnotizador que demuestran una vez más los Hermanos Safdie.

Lo peor: Que la gente pueda llegar a quedarse, simplemente, con que es la mejor actuación de Adam Sandler. Y, por supuesto, que no se haya estrenado en cines en España.

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