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Día de Muertos: películas y series que nos emocionaron a través de la muerte

Guillermo Hormigo Sábado 02 noviembre 2019

"Recuérdame", rezaba la oscarizada canción de 'Coco' con la que Manolo intenta que su abuela rememore a un padre que un día se marchó. Es inevitable soltar una lagrimita (o un mar de ellas) en este momento de la película. El tema trata de encontrar una razón de ser en la desaparición de un ser querido. O al menos reivindicar la memoria como el gran legado de aquellos que se marchan. Sin embargo, todo aquel que haya vivido la muerte de cerca conoce el dolor que también acarrea ese inevitable recuerdo. Deja una huella perenne en los vivos. Reaparece cada vez que entramos en una habitación, desempolvamos un objeto o algún conocido con el que nos cruzamos en el supermercado nos pregunta qué tal estamos.

'El sexto sentido'

En el cine esta sombra se disipa con los títulos de crédito, pero en la vida real (mejor dicho en la vida al margen del cine, que es tan real como lo que ven nuestros ojos) la muerte de alguien a quien amamos es un fantasma que nos acompaña siempre. Ya nos lo enseñaron 'El sexto sentido' o 'A Ghost Story', cada una a su manera. La muerte es uno de los grandes temas de la cultura, el arte y el cine universales. Enumerar películas o series que hayan tratado esta temática sería completamente absurdo. Si morir es poner fin a la vida, podría argumentarse que todo lo que hacemos está de alguna manera guiado por ese desenlace. Por tanto, pocas películas escaparían de haber abordado de una forma u otra esta cuestión.

Tomemos como ejemplo el tiempo, otro importante leitmotiv a lo largo de la historia. El tiempo es una frenética lucha por exprimir al máximo cada segundo del que disponemos antes de dejar el mundo. Por tanto, todo filme que lo sitúe como eje central tiene la muerte en segundo plano. ¿Y hay acaso alguna película en la que el tiempo (diegético o extradiegético) no tenga un papel primordial, si tenemos en cuenta que los dos pilares básicos del cine son el tratamiento del tiempo y del espacio? Eso al margen de relaciones más directas en las que el tiempo centra la acción. A veces argumentalmente, como suele ocurrir en la ciencia ficción. Casos como el de la trilogía de 'Regreso al Futuro' o 'Interstellar' (aunque esta última se detiene en casi cualquier gran cuestión humana). En otras ocasiones formando películas-vida, como 'Eden', 'Más allá de las montañas', 'Boyhood' o la trilogía de 'El Padrino'; y películas-relación, como '(500) días juntos', 'La ceniza es el blanco más puro', la saga 'Antes del...' o la trilogía de 'High School Musical'.

'Hasta siempre, hijo mío'

Tras este rodeo, es hora de retomar la supuesta base central de este texto. Como comentaba, la muerte está tan presente en todo lo que hacemos que dar una lista de películas que traten el tema carecería de sentido alguno (de un modo u otro, todos los filmes anteriormente nombrados lo hacen). Pero si que puede haber cierto valor en formularse algunas cuestiones a este respecto: ¿puede el cine, o el arte en general, llegar a representar de forma fehaciente y respetuosa el dolor de decir adiós a quien amamos? ¿puede incluso actuar como revulsivo, como un elemento que nos ayude a superar una pérdida importante o nuestro propio miedo a morir?

Previamente he mencionado 'Más allá de las montañas' y 'La ceniza es el blanco más puro', las dos últimas y enormes películas de Jia Zhang Ke. Detengámonos ahora en una cinta hermanada con su cine que llegó recientemente a las carteleras: 'Hasta siempre, hijo mío'. La película de Wang Xiaoshuai repasa la vida de un matrimonio marcado por el fallecimiento de su hijo cuando solo era un niño. Tres décadas de vida y ciento ochenta minutos de metraje. Un relato personal superpuesto a las transformaciones que experimenta China a través de una estructura cronológicamente desordenada. De nuevo, el tiempo como factor clave. De nuevo en paralelo a la muerte. Porque 'Hasta siempre, hijo mío' es sobre todo una mirada descorazonadora pero (en un epílogo conmovedor) finalmente optimista a la pérdida en general y la pérdida más cruel en particular: la de un hijo.

'A dos metros bajo tierra'

En el noveno capítulo de la primera temporada de 'A dos metros bajo tierra' (sí, al fin hemos llegado a 'A dos metros bajo tierra), Billy Chenowith expone cómo distintas culturas afrontan un hecho tan traumático. "Para los chinos la muerte de un niño es una mala muerte, y los padres y los abuelos no acuden al entierro", explica. La crueldad de esta afirmación contrasta con el dolor y el cariño que podemos ver en 'Hasta siempre, hijo mío'. También con la mucho más empática apreciación que justo después realiza Brenda:"Si pierdes a tu pareja, te llaman viudo o viuda. Si eres un niño y pierdes a tus padres, eres huérfano. ¿Pero cuál es la palabra que describe a un padre que pierde a su hijo? Supongo que es una putada demasiado grande para tener nombre". Por poner en palabras pensamientos como este tantos amamos esta serie. Y al personaje que interpretó Rachel Griffiths.

Turno de confesarse. Sin 'A dos metros bajo tierra' no existiría este artículo. El resto de párrafos son una mera excusa para dejar por escrito el amor incondicional hacia una serie que nos ha marcado a muchos. Que muestra con tanta emoción como naturalidad cada recoveco de la vida. Cada esquina de la muerte. Y eso es lo que más jode. Que no se pueda prever ni aprender a afrontarla. Por más que la serie de Alan Ball nos muestre que la muerte siempre acecha y que, como final del camino, también forma parte de él. Es inútil. Cuando golpee a nuestro alrededor no estaremos preparados. Por si la vida no tuviera suficientes preocupaciones que nos la joden, hay que sumarle el miedo a perderla. O a que la pierdan aquellos que nos ayudan a sobrellevarla.

'Dolor y gloria'

En su último y extraordinario trabajo, Pedro Almodóvar consigue poner en imágenes ese terror (un género en el que no me detendré porque en gran medida se sustenta en la amenaza de la muerte, por lo que resultaría inabarcable). Salvador Mallo, su trasunto, huye constantemente de una muerte que ya le quitó a su madre. Encuentra la salvación por un lado en el cine, entendido como las películas, pero también como proceso creativo e incluso como espacio físico. Por otro en su propia memoria, en el recuerdo de una infancia repleta de descubrimientos vitales directamente ligados al placer y el deseo. Unos años en los que no había rastro del sufrimiento físico y mental que cada día le sitúa frente al final de todo.

El próximo 8 de noviembre se estrena la única cinta que puede disputarle a 'Dolor y gloria' el título de mejor película del año: 'Fourteen'. La última creación del prestigioso cineasta norteamericano Dan Sallitt sigue una década en la relación de dos amigas (no es casualidad que la mejor película de su director sea la que más atiende el tratamiento del tiempo), en este caso durante unos reducidos 94 minutos. Como es costumbre en Sallitt, 'Fourteen' aborda conflictos complejos con sutileza, naturalidad y hasta cierto humor (aunque menos que de costumbre). Quizá el único modo de tratar temáticas tan apabullantes como la muerte sin cargar las tintas. En este sentido, el tramo final de 'Fourteen' es una modélica lección de pulso narrativo, control dramático, dirección de actores e interpretación. De todo ello emerge una emoción genuina, ajena a cualquier manipulación. Porque pocos pecados hay peores que manipular algo tan terrible como la muerte.

Regiones de la vida devastadas

'Dolor y gloria' y 'Fourteen' (y otra gran película reciente que aborda las nuevas y viejas maneras de sobrellevar el duelo: 'El amor es más fuerte que las bombas') servirían para responder, por tanto, las dos grandes preguntas planteadas algunos párrafos atrás. El cine puede darnos vida y puede plasmar con respeto lo que supone la muerte. Algo similar puede decirse de la música. Y en 'La leyenda del tiempo' estas dos artes se conjugan de la mano de Camarón de la Isla. Isra es un niño de San Fernando (Cádiz) que deja de cantar cuando su padre fallece. Makako, por su parte, es una mujer japonesa que viaja a la localidad gaditana para aprender un cante que le ayude a expresar el desasosiego ante la enfermedad de su padre. El filme de Isaki Lacuesta forma además otra película-vida junto a 'Entre dos aguas', o película-relación si tenemos en cuenta la importancia del vínculo entre Isra y su hermano Cheíto.

Afortunadamente, también es posible reírse de la muerte y desactivarla momentáneamente. Para muestra, el quinto capítulo de la tercera temporada de 'Paquita Salas' (y tras un esfuerzo titánico por evitar este aviso, aquí sí: atención spoiler). En él, la representante regresa a Navarrete junto con toda su troupe para asistir al funeral de su madre. Un episodio en el que, además del habitual arsenal de perlas, de nuevo la música tiene un rol clave. Muchos descubrimos aquí a La Bien Querida con su tema 'Los jardines de marzo', del que es complicado no quedar prendado. Porque igual que Salvador Mallo/Almodóvar, "todo el mundo tiene una infancia que resuena en las esquinas de su casa". Paquita la primera.

'La leyenda del tiempo'

Al comienzo del decimocuarto capítulo de la undécima temporada de 'Los Simpson', Maude Flanders muere de forma completamente ridícula. La esposa de Ned desaparece de la serie a partir de ese momento. En las siguientes temporadas este conflicto irá regresando intermitentemente: Flanders intenta educar a sus hijos sin su mujer, o encuentra nueva pareja pero no se atreve a dar el paso. El motivo tras la desaparición de Maude no es otro que un desacuerdo con la dobladora original del personaje (otros personajes como Troy McClure o Edna Krabappel fueron retirados de forma menos rimbombante de la serie cuando fallecieron sus dobladores). Pese a ello, no deja de resultar curioso que la muerte sea uno de los pocos sucesos cuya continuidad respeta la comedia animada.

Este es un elemento fascinante de las sitcoms, su mezcla entre tramas episódicas y grandes narrativas que las vertebran. El Sr. Heckles fallece en el tercer episodio de la segunda temporada de 'Friends'. Se trataba también de un personaje recurrente, el vecino cascarrabias del piso de abajo al que molestaba el mínimo sonido. Su muerte impacta al grupo, especialmente a Chandler, que teme llegar solo a sus últimos días como le ocurrió a Heckles. El calado emocional es incluso mayor que en 'Los Simpson'. Sin embargo, una vez acaba el capítulo, se cierra el trauma. Nadie se acuerda del vecino la siguiente semana. Este fallecimiento actúa como motor de una trama y da pie a algunas bromas. Pero la vida y las risas siguen como si nada. Son dos formas de abordar un tema tan peliagudo desde la comedia. Cada una respeta la muerte de una manera y se mofa de ella de otra.

'Friends'

Sería posible continuar líneas y líneas desgranando cintas que sitúan la muerte en primer plano. Quizá enfrascarse en recuerdos y reflexiones sobre las películas es otra forma de tomar el cine como refugio. Al hilo de esto, y ya para concluir, recientemente se ha celebrado la Fiesta del Cine. En las dos sesiones a las que he asistido se ha repetido el mismo anuncio de una conocida tienda de bricolaje (normal, teniendo en cuenta que en ciertas salas ponen toda la publicidad que existe). El eslogan dice algo así como que "la vida no trae manual de instrucciones". Por desgracia tampoco hay un método establecido para afrontar la muerte. Y eso ni siquiera el cine lo puede remediar. Tan solo, quizá, el tiempo.

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