Neil Jordan es un cineasta con una sensibilidad realmente especial. Por supuesto, hablamos de un director y guionista con un talento extraordinario a nivel técnico y de puesta en escena, pero, a la hora de la verdad, el punto de unión entre sus mejores trabajos, que no son pocos, es su destreza para encontrar la sensibilidad en los rincones más insospechados. Un poeta callejero, un romántico en el humo, el calor y el barro, una cámara siempre a la distancia justa.
Aclamado y respetado por la crítica desde sus comienzos, con el público, sin embargo, ha tenido una relación mucho más fría, el irlandés tiene una mirada artística profundamente personal que, a lo largo de los años, ha sabido adaptarse a distintos géneros cinematográficos con las mismas dosis de solvencia que de inspiración. Uno puede notar su pasión como narrador incluso en los momentos más (aparentemente) pequeños de sus historias.

Con una filmografía extensa donde se acumulan las joyas, aunque también encontramos algún que otro traspiés serio, aquí citamos diez propuestas en las que Jordan desplegó todas y cada una de sus virtudes. Películas con una fuerte personalidad que atrapan desde el fondo y la forma y cuyo eco en la memoria es profundamente duradero. Lo mejor de un cineasta único.