No perdamos ni un segundo en analizar el ruido distorsionado y aburrido que emerge de determinados sectores del público cuando se trata de celebrar por todo lo alto el talento de una de las mejores actrices de la historia del cine español. Y del europeo. Porque, efectivamente, Penélope Cruz y la destrucción de barreras y límites es un solo concepto. Hablamos de una intérprete que ha sobrepasado una y mil veces, más las que quedan por delante, el siempre peligroso terreno de las expectativas.
Y lo mejor es que siempre lo ha hecho desde el talento, incluso en aquellas propuestas que, en términos generales, se encontraban mucho más cerca del desastre que de la victoria. Pero su presencia, imponente y delicada al mismo tiempo, puede brillar tanto en su forma de oasis en mitad del desierto como en los personajes protagonistas de calado incontestable. Cruz no entiende de pilotos automáticos. Si cuentas con ella, vaya, sales con más de la mitad del partido ganado.

Y en este especial en el que hemos repasado sus diez mejores trabajos queda de nuevo reflejado el poder de una actriz que, sea el género que sea, siempre aporta algo distinto. Nos puede hacer llorar y reír en cuestión de segundos, puede hacer que nos quedemos hipnotizados de su belleza y de sus heridas, puede convencernos de ser cualquier tipo de criatura imaginada y de persona normal y corriente con la que nos cruzamos a diario en el ascensor. Es una superestrella internacional. Es una actriz maravillosa. Es nuestra y del mundo. Es Penélope Cruz. Y no habrá dos iguales.