Aunque el término “Netflix lightning” ("iluminación de Netflix") no ha sido acogido aún por el gremio audiovisual, se está expandiendo en redes con cada estreno, ya sea serial o cinematográfico de los últimos años. Pero, ¿a qué se refiere cuando muchos usan esa expresión para analizar la muerte de la nostalgia audiovisual?
La nostalgia no es solo la “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”, según la definición oficial del diccionario de la Real Academia Española. La nostalgia se ha vuelto una estrategia más dentro de la telaraña del marketing audiovisual, un negocio que cuenta con grandes beneficios. Una tendencia que recoge las obras del siglo XX y XXI, las reinterpreta para apelar a la impotencia humana de no poder escapar del presente para provocar un sentimiento acogedor y de seguridad en lo “conocido”.
Durante estos últimos años, Hollywood no ha sido un extraño a este suceso y se ha propuesto explotar todo su potencial emocional, conseguir beneficio a partir de la inconformidad generalizada sobre el “ahora”. Por tanto, nacen franquicias audiovisuales que se componen, en su mayoría, por secuelas, remakes y reboots. Además de una audiencia asegurada, los contenidos optimizan su tiempo de creación ya que se construyen a partir de una narrativa ya existente. No tienen la necesidad de imaginar mundos, personajes o universos nuevos; ni de fidelizar al púbico, puesto que ya cuentan con una comunidad de seguidores atada por el sentimiento de consuelo.
Este es el caso de 'El diablo viste de Prada 2'. ¿A quién no le gustaría volver a vivir la química en pantalla entre dos grandes actrices como Meryl Streep y Anne Hathaway? Así fue como las coprotagonistas Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis volvieron a la pantalla con 'Ponte en mi lugar de nuevo' doce años después del estreno de la primera parte, 'Ponte en mi lugar'. Sin embargo, no se siente igual.
Aquí entra en juego el recién acuñado término, que nos explica en profundidad qué nos llama tanto la atención. La "Netflix lighting" engloba un tipo de iluminación o estética popularizada a partir del objetivo de optimización en el tiempo de grabación de proyectos que comenzó a ser notable en el momento en el que las plataformas de streaming ganaron un papel más allá que un canal y se introdujeron en el proceso de producción. Se buscaba un contenido fácil de crear, rápido, de bajo riesgo y con una estructura fácil de recrear en futuros estrenos. La presencia de proyectos audiovisuales creados por estas plataformas empezó crecer y no pasar por alto para Hollywood ni el mundo del séptimo arte.
La optimización supone una consecuencia que se ha repetido tantas veces que hasta ha conseguido un nombre por parte de la audiencia. Se trata de películas y series cuyo efecto dramático visual se ha desplomado por los suelos. Gracias a la mejora técnica un buen plató cuenta con luces LED que iluminan la escena, pero ese es su único propósito: iluminar. En pantalla se puede apreciar una iluminación informe, plana y e inexpresiva. Se evitan a todo coste los contrastes y las sombras duras, y en el momento en que todo el plano está iluminado (por igual) se pierde la fuerza través de la luz, se pierde el misterio de la sombra. Se pierde, en resumen, un factor muy importante en la actuación que es el énfasis y la intencionalidad.
En un contenido, ahora masivo, creado para la audiencia, es normal que sean conscientes de lo que funciona y lo que no. No sería mentir si se dijera que la "Netflix lightning" ha llegado en el peor momento, con críticas crecientes hacia la poca expresividad por parte del mundo de Hollywood. ¿Cuánto tiempo podrá Hollywood subsistir mezclando los fenómenos "Netflix lightning" y "the death of acting" ("la muerte de la interpretación")?
La expresividad tanto estética como narrativa está alcanzando unos niveles preocupantes. Con rostros de actores profesionales que ya no pueden ni moldearse para simular alguna sensación y una iluminación que encuadre la escena al igual tanto se trate de una pelea como una conversación en la mesa de un restaurante.
En el momento en el que la atracción por la película baja no es suficiente con el renombre de la franquicia para mantenerse a flote, esto puede llegar, incluso, perder una parte de su comunidad de seguidores por no haber cumplido las expectativas que situó el primer estreno.
Se puede ver este suceso en películas como 'La vieja guardia 2' (2025) y sus críticas acerca de la fotografía con respecto a su primera entrega del año 2020. También fue el caso de 'Tyler Rake 2' (2023) que fue objeto de críticas después de su estética más pulida y digital. Había quienes consideraban que la iluminación homogénea y tonos desaturados le restaban atractivo e, incluso, llegó a plantearse que había perdido la esencia de la franquicia dictada por la primera parte.
La película 'Chicas malas' de 2024 sufrió una lluvia de críticas después de su “acabado visual más plano” que no cumplía con la identidad de la película 'Chicas malas' (2004) marcado por un brillo pop y textura. Además, no es un fenómeno único del mundo del cine, series con un gran fandom que se mantiene con los años, 'Sexo en Nueva York' , sufrieron el mismo destino después de que HBO lanzara una secuela y reboot de la original bajo el título 'And Just Like That...'. Los fans no tardaron en hacerse oír pues muchos señalaron que no se “sentía como la original” ocasionado por una iluminación menos llamativa y sin textura, lo que transmitía una sensación menos glamurosa y perdía su atractivo.
El instinto de persecución a la emoción
El debate acerca de la expresividad en los proyectos audiovisuales no es solo una cuestión técnica, sino casi emocional. Durante décadas, el cine construyó mundos a través del color, el contraste y la textura, generando imágenes que se quedaban grabadas en la memoria colectiva. Hoy, sin embargo, una parte del público percibe que muchas producciones que apuestan por una estética más homogénea, pensada para adaptarse a múltiples pantallas, pero que en el proceso pierde parte de esa identidad visual tan reconocible.
Un ejemplo de esta fuerza estética es 'El mago de Oz' , que contaba con un uso del tecnicolor que no solo era innovador, sino también narrativo. El paso del blanco y negro al color no era un adorno, era una puerta a otro mundo. Cada tono estaba cuidadosamente elegido para transmitir emoción, fantasía y asombro. Esa intención artística es lo que muchos espectadores echan de menos cuando comparan obras cinematográficas con una iluminación más plana y menos expresiva.
Adaptaciones recientes como 'Wicked' han sacado una vez más la conversación ante el público de las redes sociales. A pesar de su ambición visual y numeroso equipo de producción, parte del público ha criticado que su acabado se sentía más digital o apagado (sin contrastes y una saturación que dejaba de desear), con colores menos vibrantes de lo esperado. Esto ha llevado a comparaciones directas con el tecnicolor clásico que han hecho que se eche la vista atrás y poner en duda la evolución técnica que ha habido en el cine este último siglo.
La conversación del cine actual entre la nostalgia de los años 90 y 2000, el tecnicolor y “Netflix lighting” refleja una tensión muy profunda entre arte e industria, entre personalidad visual y estandarización. Mientras que algunos espectadores piden recuperar la intensidad cromática y el riesgo estético del cine clásico, otros aceptan la evolución como parte natural del medio. El color sigue siendo una de las herramientas más poderosas para contar historias, pero parece que lo estamos perdiendo.