Intentar descifrar el universo Almodóvar es uno de esos ejercicios que van más allá de lo cinematográfico. Primero, porque su cine ha sufrido una serie de mutaciones que se han reflejado en tres etapas bien diferenciadas por tono, lenguaje y esencia. Y, en un terreno mucho más alejado de nuestros intereses, porque el personaje también ha cambiado, se ha mostrado más sereno, introspectivo y analítico en lo que a su mensaje y formulación se refiere.

Muchos preferirán sus primeros trabajos, alocados y excesivos, mientras que otros se quedarán con la etapa gloriosa de aplauso unánime con 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' ejerciendo de deslumbrante representante. Mientras tanto, algunos seguiremos abrazando con desatada pasión sus últimos trabajos, aquellos sumergidos en la indiscutible madurez que ha alcanzado el cineasta.
Sin embargo, más allá del terreno predilecto en el que se ubique cada uno dentro de la extensa e intensa obra cinematográfica del manchego, lo que está claro es que Almodóvar solamente hay uno: indiscutible y genuino, complejo y emocionante, especial e influyente, desatado y comedido, imprescindible y referente. Uno de los mejores directores de la historia del cine. Y aquí están los veinte trabajos que, hasta la fecha, argumentan semejante estatus.