La constancia, el esfuerzo, la entrega, la fuerza de voluntad y la lealtad son cinco de los grandes pilares que representan la figura de Rocky Balboa, el boxeador más exitoso y querido de la historia del cine. Y son estos mismos elementos los que sustentan su saga cinematográfica, capaz de sobrevivir incluso a alguna que otra entrega que, en cualquier otro tipo de circunstancias, habría supuesto un KO sin paliativos. Sin embargo, Balboa, o lo que es lo mismo, Sylvester Stallone, no solamente ha conseguido sobrevivir a cualquier tipo de golpe, propio o ajeno, sino que ha alcanzado el siglo XXI repleto de fuerza y vigor.
Inaugurada en 1976 con una primera entrega ganadora de 3 Oscar, los correspondientes a las ilustres categorías de Mejor película, director y montaje, la saga protagonizada por Stallone ha ido sumando fervientes admiradores a lo largo de las décadas, convirtiendo al personaje en todo un referente cultural situado mucho más allá de la gran pantalla. Y lo cierto es que, más allá de la calidad individual, cada una de las entregas de la saga ha conseguido respetar una fórmula tan previsible como eficaz, tan evidente como estimulante y, sobre todo, tan honesta como emocionante.

'Rocky' y sus secuelas no engañan, van de frente, saben lo que el público espera de ellas y lo entregan en bandeja de plata. La sorpresa no es el valor diferencial de una saga que tampoco necesita de giros de guion para cautivar, bastándole las dosis justa de sudor, lágrimas y épica. Mucha épica. Porque no importa las veces que hayas visto los distintos combates finales a los que se enfrenta Balboa, siempre vibras como el primer día, esperando la victoria de un personaje que, por encima de músculos, es puro corazón. Ahí reside la clave imperecedera de Rocky.