Aunque está claro que no estamos frente a un autor, el terreno que pisamos está infinitamente más cercano al de la, por otra parte notable, artesanía, hablar de Francis Lawrence es hacerlo de un cineasta que, a lo largo de sus nueve largometrajes, trabajos televisivos y sus numerosísimos videoclips, ha demostrado saber contar una historia. Y eso puede parecer poco, sí, pero quizá estemos ante el punto más importante y codiciado.

Además de su triunfal participación en el universo de 'Los Juegos del Hambre', Lawrence ha logrado muy buenos resultados en géneros tan dispares como el terror, el thriller de espionaje o incluso el melodrama romántico más azucarado. Y en todos y cada uno de ellos ha salido airoso, esquivando el desastre con oficio y puntuales destellos de genio. No es un balance pobre, ni muchísimo menos.
Así que, a la espera de que la secuela tardía de 'Constantine' y la adaptación a la pantalla de la saga de videojuegos 'Bioshock' mantengan la racha, podemos afirmar sin titubeos que Francis Lawrence es uno de esos cineastas que garantizan un rato de buen cine. De acuerdo, nunca genera demasiado entusiasmo, pero tampoco reproches. Rozando el valor seguro.