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CRÍTICA

'Déjate llevar': Mens sana in corpore sano

Lo emocional y lo racional se mezclan en la comedia de enredo italiana 'Déjate llevar', protagonizada por Verónica Echegui y Toni Servillo.

6 Nota de eCartelera
'Déjate llevar': Mens sana in corpore sano

La nueva comedia italiana que llega a nuestras pantallas se llama 'Déjate llevar' ('Lasciati Andare' como título original) y lo hace de la mano de una de las caras más bellas y reconocibles de nuestro panorama cinematográfico actual: Verónica Echegui. La actriz interpreta a Claudia, una personal trainer algo excéntrica y pasional contratada por Elia (Toni Servillo) un psicólogo tacaño en horas bajas y en medio de una crisis de identidad. Claudia alterará la insulsa vida de Elia, y él pondrá algo de orden en la de ella.

Déjate llevar

La nueva película del protagonista de 'La Gran Belleza' es una comedia de enredo con la que echar algo más de hora y media en la sala de cine sin apegarse demasiado a lo que vemos en pantalla. Con una premisa poco original como la crisis personal de un hombre que al que arquetípicamente suponemos estable (un psicólogo especializado en trastornos de la ira y ansiedad) cuya situación en el plano de lo personal es bastante desastrosa y que se cruza con una mujer más joven y alocada que trastocará su visión del mundo. Así, no sólo este sino todos los personajes femeninos son representados como un complemento de este hombre gris que nunca hace nada que no sea por sí mismo (ni si quiera gastarse el dinero en el divorcio de su mujer, que aun le sigue haciendo la colada).

Servillo interpreta a este judío burgués racional con sobrepeso, aburrido de su día a día y sus pacientes, que debido a pequeños problemas de salud debe entrenar, acabando por encontrarse con el joven personaje de Claudia, toda luz, pasión pero también descontrol. Sobre Claudia y su círculo sabemos mayoritariamente a través de su relación con los hombres, su difuso papel como madre y el complejo que eso le genera por los prejuicios de la gente. Esta inesperada pareja traerá cambios a la insípida existencia de Elia, que saldrá de su zona de confort gracias a dejar entrar a la volátil Claudia en su vida.

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Déjate llevar

Lo racional, lo emocional

Las fuerzas de mente y cuerpo chocan encarnadas en estos personajes algo manidos, y aunque los mundos de ambos comienzan algo desmoronados, la unión de estos elementos pondrá el orden que faltaba en sus vidas. Desgraciadamente, la cinta se centra únicamente en el drama del aburrido psicólogo y estigmatiza a este personaje femenino como una chica sin los pies en la tierra, un instrumento para centrar al protagonista y hacerle vibrar con la vida de nuevo.

Déjate Llevar

Verónica Echegui está bien como la alegre y algo sencilla mujer que viene a transformar los esquemas del frívolo Elia, un Toni Servillo también interesante en este papel, aunque no le permita brillar demasiado. A destacar, el personaje de la exmujer de este gris protagonista (Carla Signoris), y también Luca Marinelli como uno de los trastornados exnovios de Claudia (con un personaje de composición que sube el interés del film en la segunda mitad de éste, y que podría ser quizá el más interesante de todo el largometraje).

La película resulta algo desligada de una mitad a otra, enmarcándose en la típica historia de mujer joven que llega para insuflarle vida al desgastado protagonista (e incluso cuando parece que no va a caer en los mismos tópicos, el film lo hace), y se queda como una insulsa historieta sin demasiado fundamento ni personajes demasiado creíbles. A destacar, algunos temas de su banda sonora y poder ver a los actores pasearse por localizaciones reales de Roma.

Nota: 6

Lo mejor: La pareja formada por Verónica Echegui y Toni Servillo se complementa bien.

Lo peor: Lo arquetípico de sus personajes femeninos.

Tráiler español '¡Déjate llevar!'
Tráiler español '¡Déjate llevar!' 2:04

Películas con las que visitar Roma desde la butaca

6 'La dolce vita' (1960)

'La dolce vita' (1960)

Si hay una película para mostrar los encantos de Roma, esa es 'La dolce vita'. Estrenada en 1960, con esta película Federico Fellini rompía con el neorrealismo y se adentraba en los inicios del simbolismo, que harán de él su marca de autor. Divida de una forma poco convencional, el filme carece de una estructura narrativa lógica, mostrando varios episodios de la vida de Marcello Rubini, un periodista desencantado que vive en Roma.

Entre esos episodios, se destaca especialmente el bullicioso ambiente nocturno de Via Veneto, una calle repleta de cafés, restaurantes, bares y salones de baile en la que actores, artistas, gente de la farándula y de la alta sociedad, se reunían para cenas y fiestas. Aunque Fellini pretendía mostrar el aspecto decadente de los excesos de las clases privilegiadas, finalmente se convirtió en un filme que ensalzaba ese estilo de vida desfasado.

Aunque la escena icónica es la que protagonizaron Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en la Fontana di Trevi. Tras irse de fiesta por la Via Veneto y una discusión entre Sylvia, una diva del cine que pasa unos días en Roma, y su novio Robert; la actriz y Marcello, el periodista, pasarán una velada a solas recorriendo las calles de Roma. Los dos llegarán a la Fontana di Trevi, en la que la sensual diva entrará para darse un atrayente baño. En medio de los chorros de la fuente, la mujer invita al reportero a unirse a ella, dejando una de las frases más conocidas del cine: "Marcello, come here!".

La dolce vita en eCartelera

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