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'The Gentlemen: Los señores de la mafia': La vuelta a casa de Guy Ritchie

Víctor Fernández Viernes 28 febrero 2020

Ante el estreno de 'The Gentlemen: Los señores de la mafia', uno no puede dejar de pensar que, hace 10 años, Guy Ritchie aterrizó en Estados Unidos, en pleno parque temático de Hollywood, para convertirse en un consagrado director de blockbusters. Manteniendo cierta personalidad, el cineasta comenzó a navegar por una galería de adaptaciones y remakes en cuyo fuero interno supo situar ese sello autoral que tan relevante le había hecho durante su carrera inglesa. De este modo, 'Sherlock Holmes' y 'Sherlock Holmes 2: Juego de sombras', así como 'Operación U.N.C.L.E.', fueron unas primeras "obras de estudio" que siguieron contentando al público originario de Ritchie -ese de buddy films con historias de acción y humor sin complejos- a la vez que conseguía abrir puertas a nuevos espectadores menos acostumbrados al macarrismo estilístico y narrativo de su cine.

The Gentlemen Crítica

Aun así, y a pesar de mantener muchos de sus rasgos cinematográficos, esta nueva etapa de Ritchie comenzaba a tener el peligroso regusto a empaquetado que a veces dan los grandes presupuestos. La pirotecnia visual, los encuadres artificiosos, los montajes hipervitaminados, todo en ella seguía la estela de sus primeras obras, pero dejando a un lado el factor sorpresa. El producto comenzaba a surgir y a dejarse notar en el campo de batalla. Por ello, quizá, no nos fue tan raro comprobar como el exhibicionismo ampuloso del cineasta fracasó estrepitosamente en esa ruidosa adaptación del Rey Arturo titulada 'Rey Arturo: La Leyenda de Excálibur'. Al igual que tampoco nos fue raro ver cómo acabó cayendo en las garras del mercantilismo disneyano con ese mecánico y despersonalizado live action de 'Aladdín' que la casa de Mickey Mouse facturó el año pasado.

Ritchie parecía haber olvidado de dónde venía. Sus bajos fondos ingleses, esas historias de gangsters, mafias y drogas, atiborradas de bravuconería y cinismo, habían ido derivando en un producto mainstream más propio del peor espectáculo de feria que de un verdadero relator de historias. Es de este modo, como tras varios trabajos apresurados, sin la menor implicación emocional por parte del cineasta, aparece en nuestras carteleras 'The Gentlemen: Los señores de la mafia', una clara y autoconsciente disculpa por parte del creador de 'Lock & Stock' y 'Snatch. Cerdos y diamantes', con la que intenta desesperadamente regresar a sus orígenes e invitar a sus antiguos fanáticos a que le sigan sin prejuicios. Y hay que decir que, aunque la jugada no le ha salido nada mal, su paso por la meca del cine ha dejado una leve huella a refrito que es difícil de eliminar.

Mafia, señores y... puro Ritchie

A pesar de todo ello, Ritchie juega unas cartas muy inteligentes e interesantes para no caer en el simple y criticable ejercicio de la burda repetición, con el que más que remendar sus errores habría venido a sumar uno nuevo al catálogo de tropiezos incesantes. 'The Gentlemen: Los señores de la mafia' es una película, ante todo, referencial, donde el cineasta coge sus elementos estilísticos más representativos y los convierte en una suerte de metaficción, de reflejo cinéfilo de su propia obra, con el que hablar de una mirada y una pasión por contar historias que, lejos de desfallecer, continúan más latentes que nunca en su interior. Es así como podemos ver a ese Fletcher, el investigador privado que narra la historia (en una fantástica y divertidísima interpretación por parte de Hugh Grant), como una suerte de proyección del propio cineasta.

The Gentlemen Crítica 2

Jugando con los personajes y los hechos, a través de algunos apuntes clásicos del cine de sus orígenes, Guy Ritchie se divierte, y nos divierte, con ese montaje ligérsico, esa cámara vertiginosa y esa palabrería caricaturesca tan típica de su cine, como también creadora de una gran escuela entre muchos cineastas del cine de acción del nuevo siglo -con el claro ejemplo de Matthew Vaughn como bandera-. Así, aunque la cinta carezca de la frescura y originalidad que se le agendó en la primera etapa de su cine, el carácter homenajeador y auto-referencial que acaba desprendiendo la obra, sobre todo en su tramo final, consigue llevar un pequeño paso más allá a esta historia que, por otro lado, no deja de antojarse algo anticuada y pasada de moda. Y es que, a pesar de una mayor elegancia en el tratamiento de la mafia y sus personajes (con cierto halo de Hollywood), es un Ritchie demasiado conocido, que demuestra su autoría, pero con menor calado.

Por ello, finalmente, da la sensación de que a esta agradable y divertida vuelta a los orígenes del director le falta un poco de la garra y la rotundidad de sus primeras obras. Sin embargo, el cineasta inglés ha vuelto a demostrar que su lugar predilecto está ahí, entre trapicheos, pistolas, mafiosos y bajos fondos. De algún modo, nos invita a pensar que un Ritchie con ganas de ser seguir siendo Ritchie continúa vivo. Algo que, sin lugar a duda, los fans pueden celebrar.

Nota: 6

Lo mejor: La recuperación de un Guy Ritchie que se divierte (y nos divierte) con su cine. La parte referencial y de metacine que tiene la cinta.

Lo peor: Que, a pesar de ser lo mejor de su cineasta en los últimos años, pueda sonar demasiado a déjà vu.

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