De un brutal prólogo que suponía toda una declaración de intenciones a un poderosísimo e intenso clímax final, la primera entrega de 'John Wick' reventaba cualquier tipo de expectativa desde la contundencia del mejor de los golpes. Ofreciendo al espectador las pausas justas y el respiro estrictamente necesario, la película dirigida con pulso de hierro por Chad Stahelski y David Leitch tardaba poco en convertirse en una joya de culto dentro del género de la acción cinematográfica más inspirada.

Liderada por un incontestable Keanu Reeves que, al igual que ocurría con su Neo de 'Matrix', el otro gran personaje de su carrera profesional, conseguía el máximo con lo (aparentemente) mínimo, 'John Wick' funcionaba a la perfección en su condición de solemne parque de atracciones sangriento, ofreciendo un auténtico recital de set pieces, impecables todas y cada una de ellas, que constituían la columna vertebral de una cinta que abrazaba los ecos del western, el cine mafioso y la esencia samurái con inusitado talento. ¿Alguien da más? Pues sí: 'John Wick: Pacto de sangre' y 'John Wick: Capítulo 3: Parabellum'.
Y es que, tanto su segunda como tercera entrega, lograban elevar el listón de su predecesora hasta convertir a la saga en una de las más impresionantes, épicas, espectaculares y memorables de la historia del género. Un auténtico festín para las personas que aman el cine de acción en su esencia más pura y deslumbrante. Y todavía tenemos hambre, ojo. Ojalá una nueva película de John Wick al año.