Se acaba de estrenar 'Mi gran noche', de Álex de la Iglesia, que podría haberse titulado 'Escándalo en el plató', como la comedia de 1991 centrada en los conflictos en la grabación televisiva de una telenovela de larga duración. En este caso, el escenario para poner en cuestión el medio televisivo es un programa de fin de año. En otras ocasiones, el centro de atención han sido los programas informativos, como en 'Al filo de la noticia', 'Íntimo y personal', 'Morning Glory' o las dos partes de 'El reportero'. O lo han sido los concursos, como en 'Concursante', 'American Dreamz, salto a la fama', 'Magnolia', la variante italiana del Gran hermano en 'Reality', o de carácter violento en distopías como 'Perseguido'.

Se ha incidido en la alienación del medio televisivo, como en 'Confesiones de una mente peligrosa' (¿fue también aquel presentador un espía o sus relatos eran fruto de su enajenación?), en su combinación de manifestación tan absurda como grotesca ('RoboCop') y se ha reflexionado sobre la ética de los periodistas y cadenas televisivas, sobre su coacciones, sus intereses meramente crematísticos o de notoriedad, o su potencial condición como voz y mirada comprometida que denuncia la corrupción y las injusticias, en obras como 'El gran carnaval', 'El síndrome de China', 'Interferencias', 'Mad city', 'La cortina de humo', 'El dilema (The Insider)' o 'Tres reyes'. Destacamos dieciseis en particular como reflejo de la diversidad de ángulos de acercamiento al fenómeno del medio televisivo.