Volver a hablar del excelente estado de forma del cine de animación sería caer en una reiteración que, cuando alguien escribe, intenta evitar como si del mayor enemigo se tratase. Durante las últimas décadas han sido muchos los estudios que han apostado por un modo de hacer cine animado que ha sabido evolucionar, inyectando profundidad, emoción y valentía a los esquemas tradicionales, sin dejar de tener presente lo que convirtió en inolvidables a muchos clásicos indiscutibles del género. En ese sentido, una de las compañías que mayor cantidad de películas ha estrenado en los últimos años ha sido Dreamworks Animation. Pero vayamos al principio.
Corría el año 1994 cuando Jeffrey Katzenberg abandonaba Disney y, con el dinero obtenido tras la demanda hecha contra la factoría de Mickey Mouse y compañía, se unía a Steven Spielberg y David Geffen para formar Dreamworks. Un año más tarde, aparecía la estupenda 'Antz (Hormigaz)', primera película animada de una compañía que encontraría en este terreno alguno de sus éxitos más potentes. El espíritu inicial de libertad creativa con el que nació la empresa se ha terminado diluyendo más de lo deseado y nada la diferencia demasiado del resto de la competencia, pero en su catálogo encontramos propuestas más que interesantes.

Con el repaso a todas y cada una de las cintas estrenadas por el estudio, cerca de 40, queda claro que Dreamworks Animation ha sabido mantenerse en pie en la siempre temible jungla de la industria, máquina devoradora de sí misma que cede el espacio justo a la piedad. Por eso, se hace todavía más especial saber que, al menos hasta estos tiempos tan sombríos, la compañía que un día crearan Katzenberg y Spielberg nos ha dejado, como mínimo, una decena de auténticas joyas. Un conjunto de lugares felices, inocentes, divertidos y encantadores a los que poder regresar mientras el ruido siga siendo ensordecedor.