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'El silencio del pantano' es un thriller demasiado correcto que brilla en la oscuridad

Rafael Jiménez Lunes 30 diciembre 2019

El primer estreno español de 2020 abandera uno de los géneros que más ha curtido nuestro cine en los últimos años: el thriller con trasfondo político/social. Para aportar su toque especial en esta tendencia, 'El silencio del pantano' plantea una narrativa y estética realmente crudas y violentas que chocan mucho viniendo el director de series como 'Aída' y 'El Ministerio del Tiempo'. De esta manera, Marc Vigil ha querido dar un golpe sobre la mesa en su primera película, un viaje a los bajos fondos de Valencia y del ser humano que ojalá hubiera sido tan impactante en general como lo son algunas de sus imágenes y sus actuaciones principales.

Al adaptar el amplísimo y complejo libro de Juanjo Braulio sobre un escritor de novela negra demasiado aficionado a los asesinatos y la corrupción política que estos destapan, el director ya nos adelantó en nuestra entrevista que se ha decantado por esta segunda línea. De esta corrupción sistémica podemos encontrar excelentes ejemplos recientes como 'El Reino'. Incluso ese thriller criminal de narcotraficantes en el que se convierte la película durante su parte central ya lo explotó también con mayor profundidad y dinamismo hace poco 'Adiós'. 'El silencio del pantano' juega en estas dos bandas de una manera tan correcta como poco original, ya que no cuenta nada nuevo ni lo hace de una manera que no se haya contado ya. Si queremos ver una película de corrupción política o un thriller criminal, esos dos ejemplos mencionados son mucho más impactantes.

Pedro Alonso en 'El Silencio del Pantano'

La única novedad narrativa parecían aportarla sus primeros minutos, que presagiaban más bien un thriller reflexivo sobre los instintos primarios y la oscuridad de un artista/comunicador como hicieron tan impactantemente 'La casa de Jack' o 'Nightcrawler' (el talentazo de su actor protagonista bien pedía algo de este calibre). Esta primera mitad sí que es mucho más oscura, inteligente y distinta, donde brilla el escritor de Pedro Alonso y parece que se jugará con esa dualidad realidad-literatura que planteaba la también española 'El autor'. Sin embargo, tanto este protagonista como toda esta trama de la escritura apenas vuelven a aparecer por darle (demasiado) paso a ese correcto pero genérico drama político-criminal. Por ello, ese giro final que cambia la perspectiva de toda la película exige un salto de fe injustificado que no cuadra con todo el desarrollo más político y racional visto anteriormente. 'Dolor y gloria' lo hizo hace poco siendo consecuente con todo lo que había contado, y aunque el de 'El silencio del pantano' trastoca todo casi tanto como este, es demasiado gratuito.

La poca oscuridad genialmente abrazada

Afortunadamente, los actores se atreven a ser más oscuros que la propia trama. Desde la contención, Pedro Alonso demuestra haber hecho un profundo análisis psicólogico de Q y consigue intimidar tanto (o más) que Berlín aún sin hacer tantos artificios como en 'La casa de papel'. Cada plano suyo es una maravilla, y no le hace falta compartir tiempo en pantalla con casi nadie del reparto para contar su propia historia con una potente e inquietante voz en off. Hasta que vuelve a protagonizar la película por el final, Nacho Fresneda llena toda la pantalla con su sorprendente cambio físico que le lleva a moverse y hablar como un auténtico matón. Incluso en los momentos más tiernos con Carmina Barrios consigue que le amemos tanto como le odiamos por las palizas que ha dado antes. Una pena que la madre de Paco León desentone tantísimo en una matriarca demasiado estereotipada que hace muy poco sí que interpretó a la perfección Mona Martínez en 'Adios'.

Nacho Fresneda y Carmina Barrios en 'El Silencio del Pantano'

El apartado técnico también es una de las sorpresas oscuras de la película. Más allá de la belleza intrigante de la Albufera valenciana que ya presentó la serie 'El embarcadero', el escaso pero algo pesado metraje se dinamiza con algunas escenas mucho más atrevidas que su trama, donde la crudeza de los personajes se plasma en actos sin tapujos como romper huesos y quemar o descuartizar personas. A diferencia de todas esas conversaciones y personajes sobre la política, son estos momentos impactantes los que sorprenden de una película española y que tan bien casan con esas otras líneas interesantes que se dejan sin explorar. Mas que la corrupción del sistema, interesa ver la corrupción del ser humano, y (tristemente) eso solo se ve en estas escenas.

Por todo ello, aunque 'El Silencio del Pantano' esté muy bien realizada, hay que exigirle un algo más, ya no solo por los actorazos con los que cuenta sino sobre todo teniendo el precedente del libro en el que se basa y del género que tanto ha crecido en el cine español. Así, no deja de ser una pena que no quede en el recuerdo por no apostar en esas direcciones más inteligentes y atrevidas narrativa, visualmente y actoralmente hablando para decantarse por ser un thriller político-criminal del montón.

Nota: 6

Lo mejor: el tono oscuro de su primera mitad y de sus fantásticos dos actores protagonistas.

Lo peor: no aporta nada en su trama política, que es la dominante. Carmina Barrios.

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