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CRÍTICA

'It - Capítulo 2' sacrifica parte de su encanto en un baño de sangre

La segunda parte de la adaptación de la novela de Stephen King salta de los 80 a la actualidad, donde Pennywise ha regresado con más sed de sangre.

Por Luisa Nicolás 4 de Septiembre 2019 | 10:00

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Desde 1974, año de publicación de 'Carrie', Stephen King se ha convertido en el mayor creador de pesadillas de la literatura, a la que han seguido el cine y la televisión. Conocido especialmente por sus novelas de terror, lo cierto es que sus historias tienen siempre un componente íntimo donde abundan sus reflexiones sobre la amistad, la madurez, la locura o el dolor. Con la primera entrega de 'It', Andy Muschietti consiguió trasladar de las páginas a la gran pantalla una intensa y emotiva aventura juvenil, combinando el encanto del cine teen y la nostalgia ochentera con el terror más eficaz. El resultado conquistó a crítica y público, que la convirtió en la película de terror más taquillera de la historia superando otra adaptación de King: 'El resplandor' de Stanley Kubrick.

Han pasado 2 años de aquel hito, 27 dentro de la ficción, y al igual que han madurado los personajes, lo ha hecho la narración, que sacrifica parte de su encanto en aras de mayores dosis de crudeza, tensión y sobresaltos; un terror más sangriento, pero menos penetrante.

It - Capítulo 2

Tras el primer enfrentamiento con el payaso, El Club de los Perdedores juró con un pacto de sangre volver a Derry si Eso regresaba. Ahora que todos han crecido y olvidado, solo Mike Hanlon (Isaiah Mustafa y Chosen Jacobs) se ha quedado en el pueblo esperando la inevitable nueva oleada de crímenes, preparándose para el enfrentamiento definitivo. Los sustos se mezclan con acción, drama, romance y una sorprendentemente alta (y conveniente para aliviar la tensión) dosis de humor. Un mix de géneros que hablan de la soledad y el miedo de ser adulto, pero con un solo propósito: asustarte.

Los traumas infantiles, recuerdos reprimidos y flashbacks constantes son parte de esta montaña rusa de violencia y diversión que ha creado Muschietti, enredando una historia que intenta recuperar demasiado de lo que, por algún motivo y con motivo, se quedó fuera de la primera parte. La película intenta redimir a sus personajes y evolucionar de la aventura adolescente al drama adulto aprovechándose del género, pero no está a la altura del poder de aquella amistad. Sin embargo, hay demasiado talento en la dirección del terror, la producción y las interpretaciones para que el resultado sea siquiera mediocre.

La estrella indiscutible de 'It - Capítulo 2' vuelve a ser Bill Skarsgård, llevando su Pennywise a un nivel superior de malrollismo. El público sí, los personajes también, pero 'It - Capítulo 2' no parece tener ningún miedo y no se corta en mostrar al terrorífico payaso desmembrando niños, masticando caras y decapitando adolescentes. Baños de sangre, fetos agonizantes, bichos repulsivos, arañas o asesinatos muy humanos a sangre fría son solo algunas de las explícitas experiencias que Pennywise nos tiene preparadas, escenas que te hacen cuestionar la cabeza capaz de crearlas, que te obligan a retorcerte en la butaca o cerrar los ojos, pero que no tienen el impacto emocional que conseguía la primera entrega. 'It - Capítulo 2' resulta más perturbadora con la risa, las campanillas y los bailes de Pennywise, la mirada turbia, la abstracción y el apetito de Skarsgård, que con cualquier monstruo de CGI.

It - Capítulo 2

El resto del casting adulto, con James McAvoy al frente en el papel de Bill Denbrough y Jessica Chastain como Beverly, se manejan muy bien replicando y transformando, haciendo suyos, el trabajo de sus compañeros y compañera más jóvenes. La química entre ellos funciona tan bien como en 'It' y, de hecho, se echan en falta más escenas con El Club de los Perdedores (casi)al completo. La gran sorpresa la da Bill Hader, versión adulta de Finn Wolfhard, que utiliza su propia experiencia como monologuista en su primera película de terror y refuerza ese dúo cómico que forman Richie y Eddie (James Ransone). Sin embargo, siendo una película tan coral y con un triángulo amoroso más convencional que desarrollar, su arco argumental, el más interesante y que más sentido guarda con los flashbacks, vuelve a quedar relegado a un segundo plano.

Y aunque Hader es un auténtico robaescenas, los mejores momentos de toda la película se le han servido en bandeja a McAvoy, entre la sala de los espejos y la tienda de antigüedades, con un cameo que celebramos más como un merecido homenaje que como el pastiche habitual.

It - Capítulo 2

169 minutos de horror son muchos minutos

'It - Capítulo 2' dura casi 3 horas (y parece que terminará con una versión única de más de 6) y aunque en sí la cantidad de sobresaltos, sorpresas y maldad no dan tregua ni empujan al aburrimiento, la película es larga y la estructura en episodios que propone Muschietti, y que resulta menos evidente en la novela, rompe la dinámica dramática entre los personajes. Cada versión adulta tiene, primero, su propia introducción, donde vemos como pese al éxito profesional, siguen siendo el mismo club de perdedores; y después un viaje personal en el tiempo y su enfrentamiento individual con Pennywise antes de poder luchar contra él como equipo. Una coralidad que, aunque es justa para el nivel interpretativo del reparto, ralentiza el ritmo del resultado final, son tramas que funcionan bien por separado, pero que no han sido bien engrasadas para hacer girar la maquinaria.

Quizá se perdió el factor sorpresa, o podemos culpar a las expectativas o la excesiva duración, que la nostalgia siempre funciona o que el miedo de ver sufrir a un niño o niña es más primario y visceral; pero esta segunda entrega, aunque correcta, aterradora y divertida, se ha dejado por el camino aquella chispa y la personalidad que nos conquistó en 'It'. Aún así, y con la lógica intentando imponer su criterio, deja el listón del género muy alto y regresar a Derry vuelve a ser una aventura magníficamente aterradora.

Nota: 6

Lo mejor: Su regodeo en las escenas más salvajes.

Lo peor: Sobra metraje o falta ritmo, ha perdido parte de su magia.

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