Zac Efron ha tenido que convivir desde sus primeros pasos en la industria con una mezcla de fama, presión, repercusión y prejuicio que, perfectamente, podría haber terminado destrozando su carrera. No hubiera sido el primer caso y casi que rozaría lo comprensible. Sin embargo, por suerte para él y para el público, el actor estadounidense mantuvo la compostura, esquivó las trampas y se encuentra pasando actualmente por una de sus rachas profesionales más interesantes.
Y es que, aunque haya participado en propuestas tan fallidas como 'Ojos de fuego', 'Baywatch: Los vigilantes de la playa' o 'Dirty Grandpa', Efron ha firmado en la última década sus interpretaciones más memorables. De hecho, incluso cuando el resto de elementos no terminaba de brillar, su interpretación tenía una energía tan potente y un carisma tan particular que acababa por destacar con una considerable contundencia.

Se trata del aspecto más valioso de Zac Efron, su capacidad para entregarse sin reservas a cualquier tipo de papel e historia, lanzándose al vacío sin saber si habrá agua o no solamente por sentir que está creciendo y evolucionando como actor. Y eso, teniendo en cuenta que podría seguir viviendo de las secuelas de, por ejemplo, 'High School Musical', es digno de admirar, valorar y, por supuesto, reivindicar.