Una de las mejores cosas que trajo consigo el tremendo y merecido éxito de la soberbia 'La maldición de Hill House' fue que sirvió para poner en el centro de millones de miradas el talento de Mike Flanagan, un director que, antes de aquel fenómeno televisivo, ya había ofrecido una serie de argumentos más que convincentes para contar con el favor de la crítica y del público. Especialmente dentro de un género, el terror psicológico y el suspense clásico, en el que el cineasta se ha movido con un talento tan especial como característico, tan personal como inspirado.
Hablamos de un director y guionista con sello propio, con un universo de marcado acento intimista, preciso en la ejecución técnica y realmente interesado en los personajes que habitan sus tramas. Y aquí llegamos a un factor claramente diferenciador, el cuidado, respeto e importancia que Flanagan da siempre a la historia por encima del susto fácil, el sobresalto gratuito o el perezoso golpe de sonido que empuja al espectador al grito automático. Sin un buen argumento, no hay terror que valga.

Por eso, y por un conjunto de películas en las que se hace imposible detectar un error de auténtica gravedad, Mike Flanagan tiene todo a su favor para convertirse en un referente dentro del género, empezando por un conjunto de películas que se mueven entre lo correcto y el sobresaliente y una serie de matrícula de honor. No está mal para empezar a dedicarle los aplausos que se merece. Y para mantener la ilusión de cara a su futuro más inmediato.