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A CANTAR

Las 30 mejores películas musicales del siglo XXI

Biopics, adaptaciones de Broadway, películas de animación... Repasamos las grandes películas que nos han hecho cantar y bailar este siglo.

Las 30 mejores películas musicales del siglo XXI

En estos tiempos que nos han tocado vivir, especialmente complicados, extraños e insaciables en los últimos meses, el musical ha cobrado una especial importancia como una especie de refugio en el que perderse y (re)encontrarse. Por supuesto, aquel sector del público que nunca ha comulgado con esta forma de contar historias seguirá sin hacerlo, aunque parezca increíble no todo ha cambiado, pero aquellos espectadores que siempre han sido felices entre canciones inesperadas y coreografías deslumbrantes han sentido como este género cinematográfico volvía a regalar esa energía tan especial, esa luz tan brillante y ese encanto tan único.

Y es que, incluso cuando lo que cuenta está asentado en el drama más contundente, el musical siempre ha transmitido algo especial, distinto y único. Algo que ocurre en estas 30 películas que consiguieron traspasar la pantalla para llegar al corazón y la memoria, entregando en contagiosa melodía de plata un buen número de imborrables recuerdos hasta convertirse en clásicos, pequeños o grandes dependiendo del caso, pero clásicos.

'8 mujeres'

En definitiva, estamos ante algo más que simples películas. Y tratar de buscar las palabras exactas para definirlas supone desnudar piezas clave del truco, así que mejor seguir descubriéndolo mientras nos dejamos llevar por sus maravillosas escenas, sus estribillos arrebatadores, sus números apoteósicos y sus grandes personajes. La música y el cine abrazados frente a la tempestad.

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Las 30 mejores películas musicales del siglo XXI

1 'La ciudad de las estrellas: La La Land'

'La ciudad de las estrellas: La La Land'

La manera en la que millones de espectadores conectaron con 'La ciudad de las estrellas: La La Land', especialmente antes de que se convirtiera en todo un fenómeno que fue mucho más allá de lo puramente cinematográfico, nos hace ver que no estamos ante un simple vehículo de escape para olvidarnos del ruido y la furia que nos rodea, que también, sino ante una película que arrolla sin caer nunca en los fuegos artificiales más gratuitos. Todo es precioso de ver, mérito de un director, Damien Chazelle, en permanente estado de inspiración, pero el fondo tiene tanto poder, o más, que la forma. Sí, nos han contado esta historia mil veces, pero no nos la han contado así; y ese efecto final que nos deja, ese poso inexplicable y agridulce, nos hace querer regresar a ella y volver a sentirla una y mil veces más. Porque el ser humano, por naturaleza, siempre ha necesitado su dosis de melancolía, su desahogo en forma de lágrimas furtivas, su amor a primera vista y su pérdida en la última jugada.

Aplaudimos la nostalgia que desprende esta obra maestra, así como sus múltiples guiños a un tipo de cine que ya no se hace, porque somos los espectadores los que, por encima de premios y reconocimientos, la seguimos guardando en nuestra memoria como ese rincón en el que siempre suena nuestra canción favorita, inmaculada, perfecta en su melancolía, capaz de hacernos reír y llorar. Una obra maestra absoluta. Y uno de los mejores musicales de la historia del cine.

La ciudad de las estrellas: La La Land en eCartelera

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