Existen numerosos intérpretes que entienden su trabajo desde el compromiso absoluto, la devoción casi cristiana, y rozando cualquier tipo de límite, de entregarse en cuerpo, alma, tripas y corazón en entregar la mejor versión posible de cada uno de sus personajes. Por desgracia, termina ganando más el brutal impacto de una transformación física que la inmersión psicológica absoluta, pero lo visual sigue mandando en los primeros golpes y, lo que para ellos es parte del juego, para nosotros es, resumiendo, algo parecido a una locura.

A lo largo de la historia del cine nos encontramos con múltiples ejemplos de actores y actrices que se han convertido, de manera literal, en otra persona frente a nuestros ojos. Desaparecen por completo en sus personajes, se mimetizan con la historia y su contexto, traspasan todas las líneas. El resultado, más allá del asombro inicial, es duradero en la memoria y consigue, a base de sufrimiento, un par de boletos con opciones a convertirse en leyenda. El discurso siempre irá a favor de la película y la narrativa, pero las medallas casi nunca pesan en su ego. Viene en el contrato, que nadie se asuste.
A continuación, destacamos a diez intérpretes que llevaron a cabo titánicas experiencias de entrega hacia sus personajes, arriesgando su salud y su carrera, mostrando una pasión desmedida por lo que estaban contando. El límite solamente existía para ser anulado. Aquí repasamos diez interpretaciones para la historia que fueron más allá. Mucho más allá.