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¿Cancelar a Tarantino por misógino? No has entendido nada de su cine

Javi P. Martín Martes 13 agosto 2019

"Dejadme que os cuente de qué va 'Like A Virgin'", dice el Sr. Marrón en los primeros minutos de 'Reservoir Dogs'. "Va de una golfa que es una máquina de follar. Hablo de día y noche. Polla, polla, polla, polla, polla. Pero un día se topa con un tipo a lo John Holmes y le vuela la cabeza. Es como Charles Bronson en 'La gran evasión'; cava túneles. Ahora ella está follando como nunca, y siente algo que nunca había sentido: dolor. Le duele y no debería dolerle, porque tiene el coño como un chicle a esas alturas. Pero cuando se la folla, le duele como la primera vez. El dolor está recordándole a esta máquina de follar lo que era ser virgen". Es el primer monólogo en una película de Quentin Tarantino, recitado por él mismo ante la cámara. Un análisis casual de una canción de Madonna escuchado con curiosidad por un puñado de mafiosos mientras comen hamburguesas.

'Reservoir Dogs'

'Reservoir Dogs' tiene una particularidad dentro del cine de Quentin Tarantino: la práctica ausencia de mujeres en la historia, que sería compensada con creces a partir de 'Pulp Fiction' y hasta llegar a la novena (¿décima?, depende de cómo se cuenten las dos 'Kill Bill') que se estrena esta semana en España, 'Érase una vez en... Hollywood'. Tarantino ha puesto a las mujeres en el centro de sus relatos, a diferencia de la mayoría de autores más consagrados del Hollywood actual: Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Clint Eastwood, o los más jóvenes David Fincher y Christopher Nolan; todos ellos han dedicado su filmografía al hombre blanco heterosexual, algunos relegando sistemáticamente a los personajes femeninos a un lugar testimonial.

Y sin embargo, los principales medios digitales llevan meses debatiendo: ¿es Quentin Tarantino misógino? "Tarantino y cuando la violencia contra las mujeres es un chiste", reza The Hollywood Reporter. The Guardian va más allá titulando "Fin de la aventura: por qué es el momento de cancelar a Quentin Tarantino". El cine del director de Tennessee, caracterizado por el exceso, siempre ha sido fuente de controversia y debate: sus diálogos son excesivos, su estilo es excesivo y desde luego la violencia en sus películas ha sido, siempre, excesiva. ¿Es gratuita o busca una reflexión en el disfrute del público? Una discusión tan vieja como 'Pulp Fiction', estrenada en Cannes hace 25 años, que ha mutado en los tiempos del #MeToo. Ahora la pregunta es: ¿son las mujeres las principales víctimas de la violencia de las películas de Tarantino?

'Los odiosos ocho'

Es una cuestión que surgió con el estreno de su anterior película, 'Los odiosos ocho', en la que la única mujer del relato, interpretada por Jennifer Jason Leigh, era víctima de repetidas agresiones físicas por parte del resto del reparto. En 2017 la cinefilia empezaba a revisarse a sí misma y mirar con otra luz (y gafas moradas) lo que la industria del cine había permitido que ocurriera durante décadas, tanto delante como detrás de las cámaras. Entonces florecieron los artículos sobre cómo Tarantino trata a sus personajes femeninos: la jeringuilla clavada en el pecho de Uma Thurman; la muerte por dos disparos de Bridget Fonda en 'Jackie Brown'; todo lo que sufre la Novia antes, durante y después de un coma en el que es violada a diario, antes de empezar ella misma una sangrienta venganza orgiástica; el sádico asesinato de un grupo de mujeres en la primera mitad de 'Death Proof'.

Los ejemplos son variados antes de llegar a 'Los odiosos ocho', y el debate se ha reavivado con la llegada de 'Érase una vez en... Hollywood', que cuenta los días en los que la actriz Sharon Tate fue asesinada brutalmente por el grupo liderado por Charles Manson. En la rueda de prensa de presentación de la película en Cannes, una periodista del New York Times preguntó por qué Margot Robbie, la actriz que interpreta a Tate, tiene tan pocas líneas de diálogo. La escueta y cortante reacción del director ("Rechazo tu hipótesis") se viralizó, terminando de formar la imagen de un director que responde de forma agresiva y alterada al feminismo.

Quentin Tarantino y Margot Robbie

No ayuda que Quentin Tarantino haya sido uno de los colaboradores más cercanos durante décadas de Harvey Weinstein, el productor convertido ahora en símbolo de las prácticas abusivas de Hollywood contra las mujeres. En el año en el que las actrices de Hollywood empezaron a contar sus experiencias como víctimas de hombres poderosos, arropadas por fenómenos como el #MeToo y Time's Up, Uma Thurman reveló varios hechos acontecidos durante la producción de 'Kill Bill' en los que Tarantino quedaba retratado si no como un hombre misógino, sin duda como un director negligente. La actriz le contó un episodio en el que el productor había intentado propasarse, ante lo que Tarantino respondió simplemente pidiendo a Weinstein que se disculpara con ella. Más grave aún fue el accidente de coche que sufrió Thurman durante el rodaje de una escena, consecuencia de la falta de medidas de seguridad que Tarantino permitió. Más de 15 años después, la actriz aún tiene lesiones de un choque que podría haber resultado fatal. "Quentin y yo tuvimos una discusión enorme y le acusé de haber intentado matarme", contaba Thurman al New York Times. El mismo artículo desvelaba que fue Tarantino el que escupió y asfixió a la intérprete en algunas de las escenas. La relación entre ellos se congeló durante los años después del estreno de 'Kill Bill', lo que explica que no hayan vuelto a trabajar juntos.

'Kill Bill'

Para terminar de cancelar a Tarantino, hace unos meses Internet desenterró una entrevista de 2003 en la que el director defendía a Roman Polanski, su colega acusado de haber violado a una menor y que lleva años sin pisar suelo estadounidense para no enfrentarse a la justicia: "No violó a una niña de 13 años. Mantuvo relaciones con una menor, no es lo mismo. (...) La violación es uno de los crímenes más violentos del mundo, la gente va soltando esa palabra por ahí con mucha facilidad".

Pero Tarantino ha respondido a todas y cada una de las polémicas con disculpas muy claras. Sobre el accidente de Uma Thurman, dijo que era "el mayor arrepentimiento de mi vida". Sobre su relación con Weinstein, dijo "ojalá hubiera actuado con responsabilidad ante las cosas que había oído sobre él (...) entonces no habría trabajado con él". En cuanto a la entrevista de 2003, se disculpó con la víctima de Polanski: "No tuve en cuenta los sentimientos de [Samantha] Geimer y me arrepiento de veras. Señora Geimer, fui ignorante, insensible y sobre todo, incorrecto", dijo en un comunicado. Con respecto a haber escupido y asfixiado a Uma Thurman durante varias escenas, también fue claro: "Naturalmente, lo hice yo. ¿Quién más debería hacerlo? ¿Alguien del equipo? No me fiaba de Michael Madsen porque no sé dónde va a escupir si lo hace él. Lo íbamos a hacer con un desatascador y agua, pero si le añadíamos jugo de rapé no quedaba bien en cámara. No parecía un escupitajo cuando le daba, tenía que ser una mezcla de saliva y jugo marrón. Así que le pregunté a Uma". Fue la misma actriz la que le pidió que le asfixiara de verdad para alcanzar mayor realismo en el primer plano, una decisión que creó uno de los momentos más icónicos de 'Kill Bill: Vol. 1'.

Un director problemático

El término "cancelación", surgido en las redes sociales e insertado en el discurso mainstream por fandoms compuestos mayoritariamente por adolescentes hasta el punto de llegar a un titular de un medio de la talla de The Guardian, es signo del simplismo que impera en las discusiones culturales actuales. Muchas veces no se tiene en cuenta el contexto. Pero bastan los caracteres de un tuit para explicar que no podemos juzgar a nadie por lo que dijo hace 15 años. ¿Cuántos perdones tendríamos que pedir todos si tirásemos de hemeroteca? De lo que va siendo hora no es de cancelar a Tarantino, sino de empezar a reflexionar sobre el perdón, la capacidad de cambio y el hecho de que los artistas que admiramos pueden equivocarse y evolucionar.

Quentin Tarantino

Lo cierto es que Tarantino escapa a cualquier lectura simplista. Su explotación, estilización y glorificación de la violencia son problemáticas, y sus películas están llenas de historias de superación y venganza en las que sus protagonistas, a menudo mujeres, tienen que sufrir extraordinariamente antes de empoderarse. Y obviamente cosifica a la mujer: la cámara de Tarantino se recrea en sus cuerpos (y más concretamente en sus pies, como cualquier cinéfilo sabe) y los mira con un deseo que llega a convertirse en veneración.

En 'Kill Bill: Vol. 2', el villano interpretado por David Carradine tenía un gesto muy vulgar durante su infancia: se chupaba de forma compulsiva el pulgar cuando veía a Lana Turner en la pantalla de cine. No tengo la menor duda de que Tarantino está escribiendo sobre sí mismo, lo que demuestra que es capaz de reflexionar sobre sus faltas y defectos. En aquel primer monólogo de su carrera en 'Reservoir Dogs', recitado por él mismo como el Sr. Marrón, está todo lo que tenemos que entender sobre el director y su relación con las mujeres. Aunque usa una palabra despectiva como golfa ("cooze" en inglés), entre palabrota y palabrota asoma la mirada de un hombre que observa y analiza, pero no juzga a esa mujer promiscua que se siente como una virgen. Más bien, la entiende y la respeta.

"Tarantino no tiene un gramo de misoginia en su cuerpo. No está en sus guiones. Ni en su persona", decía Jennifer Jason Leigh cuando surgió la polémica en torno a su personaje en 'Los odiosos ocho'. Tarantino lo explicaba así: "La violencia cuelga sobre cada uno de esos personajes como un manto de noche. Y no voy a hacer eso sobre siete personajes y tratar a la mujer de forma distinta". Lo cierto es que Daisy Domergue es una asesina, y la película la trata como tal. ¿Sufren las mujeres violencia en sus películas? Sí, tanto como los hombres, pero, a diferencia de gran parte del cine mainstream de Hollywood, también la infligen ellas mismas sobre los demás. La cuestión es que Tarantino está constantemente homenajeando géneros cinematográficos en los que las mujeres han estado en un segundo plano, o directamente ausentes, como el western o el cine de gángsters. Se podría decir, de hecho, que él ha introducido a la mujer en espacios que antes las obviaban, lo que, cuidado, podríamos tildar sin duda alguna de feminista.

'Jackie Brown'

No hay que olvidar que en 1997 Tarantino puso al frente de su tercera película a una mujer negra de más de cuarenta años, y ahora el Hollywood actual se pone medallas por excepciones como 'Figuras ocultas'. La Jackie Brown interpretada por Pam Grier era una mujer fuerte y frágil a la vez, como lo fue después la Novia interpretada por Uma Thurman. Son personajes complicados, vulnerables y llenos de defectos de esos que las actrices suelen echar de menos en la industria. 'Kill Bill' está llena de mujeres fuertes muy distintas entre sí que escapan o directamente subvierten todos los arquetipos, entre ellas una colegiala asiática que es una máquina de matar y que asesina sádicamente a un hombre cuando le confiesa que le gustaría tener sexo con ella. En 'Pulp Fiction', el personaje de Maria de Medeiros tiene todo un monólogo sobre lo sexy que es la barriga en una mujer y concluye asegurando que "me importa una mierda lo que los hombres encuentren atractivo. Es una pena que lo que les resulta agradable a la vista y al tacto no suela coincidir". En 'Malditos bastardos', una película con nombres como Brad Pitt y Christoph Waltz en su reparto, la gran heroína es Mélanie Laurent, cuya cara aparece riendo en una pantalla de cine mientras Hitler muere y el nazismo es reducido a cenizas. La Novia de 'Kill Bill' se ha convertido, sin autocomplaciencia ni colgarse medallas, en icono del empoderamiento de la mujer. Es cierto que Uma Thurman tuvo tanto peso como Tarantino en la creación del personaje y su relato, pero eso también habla de la capacidad de un director para colaborar con mujeres, como la montadora Sally Menke, al mando de la edición de todas sus películas hasta que falleció en 2010. Episodios como el escupitajo de 'Kill Bill', o haber estrangulado él mismo a Diane Kruger en 'Malditos bastardos', deben leerse dentro del debate, no menos interesante, en torno al trato de los directores hacia sus actores. Almodóvar es famoso por haber torturado a muchos de sus actores y nadie está diciendo que sea misógino (algo de cordura queda en Internet).

En cuanto a las críticas alrededor del personaje de Margot Robbie en 'Érase una vez en... Hollywood', es un debate yermo hasta que la película llegue a las salas este viernes y podamos comentarla libremente. ¿Por no hablar demasiado no puede ser un personaje complejo? Nadie le dijo eso a Pixar con 'WALL-E'. Los que ya la hemos visto coincidimos en que Tarantino hace un sentido homenaje a Sharon Tate, que es a la vez un objeto de deseo y veneración para el director (y, por ende, para el espectador) pero tan tridimensional como todas las mujeres del cine de Tarantino. Interpretadas por actrices de todas las edades y colores, y con todo tipo de cuerpos (Daryl Hannah, Vivica A. Fox, Zoë Bell, Lucy Liu, Chiaki Kuriyama, Rosario Dawson, Tracie Thoms, Marcy Harriell, Dakota Fanning, Lena Dunham), las mujeres de Tarantino son mucho más que víctimas de su violencia: luchan contra ella y, como las protagonistas de la segunda mitad de 'Death Proof', se vengan. Sufren, sangran, escupen, dicen palabrotas. Reciben golpes y los dan. Son deseadas y desean ellas mismas. Se ensucian y se maquillan. Como la Madonna de 'Like A Virgin', son libres, complejas y humanas. Pocos directores de su liga pueden presumir de ello.

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