Capaz de sobrevivir incluso a su propio e indiscutible estatus de superestrella de Hollywood con una facilidad similar a la que demostró para esquivar los estereotipos y condicionas provocados por su, también propia e indiscutible, belleza física, Brad Pitt hace tiempo que ganó la batalla contra fama, expectativas y prejuicios. ¿Cómo? Demostrando una cantidad altísima de talento de primer nivel.

No hay más que recordar la prácticamente totalidad de estas películas estrenadas por el actor en lo que llevamos de convulso y extraño siglo para confirmar que hace mucho tiempo que Pitt es mucho más que una cara bonita. Hablamos de un intérprete carismático, capaz de acertar en distintos géneros con la misma contundencia sin dejar de proyectar en ningún momento un aura dorada que traspasa incluso las pantallas más férreas.
Estrella inquieta, atrevida y valiente que danza entre los grandes espectáculos cinematográficos y las propuestas independientes más pequeñas, terreno este último en el que destaca también su figura como productor, Brad Pitt es, además de uno de los actores más queridos, respetados y admirados por el gran público, uno de los mejores intérpretes de su generación. Y se trata de algo mucho más cercano a la rotunda certeza que a la reivindicación.