Tras el aluvión de películas en (demasiado evidente) busca y captura de premios, con los Oscar a la cabeza, que sacude siempre el final de cada ejercicio cinematográfico y después de superar el absoluto desierto en el que se transforma la cartelera durante la etapa primaveral, ya están aquí los blockbusters veraniegos. Un clásico anual que, para qué negarlo, resulta un complemento ya casi imprescindible al calor asfixiante, los bañadores gastados y los días eternos.
Las características principales de este tradicional movimiento cinematográfico, casi un género en sí mismo, siguen siendo las mismas: asombro, ruido, espectáculo, entretenimiento, diversión, pipas, helados y palomitas. Todo en dosis extra. Se trata, en definitiva, de intentar atrapar al espectador desde el sonido, la imagen y hasta el eco de los fuegos artificiales más deslumbrantes. Hacer que parezca ligero lo que, en realidad, aspira a ser gigantesco del primer minuto al último.

Y esa dinámica se va a mantener en un verano de 2019 donde tendremos la oportunidad de disfrutar (o sufrir) con películas de superhéroes, secuelas de grandes éxitos animados, spin offs de acción vertiginosa, varios monstruos legendarios, payasos y muñecos diabólicos, figuras musicales inoxidables y hasta ración de memoria cinéfila marca Tarantino. Sobre el papel, una oferta tan variada como apetecible. Ojalá los posibles constipados por aire acondicionado o inesperada brisa veraniega merezcan la pena.